SERGIO "BOCHA" SANTIN FUE A COLOMBIA A JUGAR Y HOY ES EMPRESARIO GASTRONOMICO

"Cuando explotó la bomba, me corrió un sudor frío por la espalda"

El ex crack uruguayo Sergio Santín, muy recordado por su pasaje por Danubio, Peñarol y distintas selecciones nacionales, llegó hace 20 años, cuando tenía 21, a tierras cafeteras buscando un futuro mejor a través del fútbol, y no volvió jamás a nuestro país.

El «Bocha», como lo llamaron siempre sus amigos, llegó a Colombia quizás con la misma ilusión que cuando era un adolescente y dejó al Universitario de Salto para conquistar la capital, con una zurda impecable que hizo temblar a más de un arquero.

Recorrió el mundo jugando para distintos equipos, pero en su época de esplendor no existía la posibilidad tan clara de poder jugar en Europa como en estos días, y entendió que Colombia era y es una plaza muy fuerte.

Fue así que luego de ser ídolo como jugador y una de las personalidades más reconocidas en las distintas ciudades, eligió las tierras del Valle de Aburrá, en Medellín, para instalarse y transformarse en un comerciante exitoso.

Su restaurante, que se encuentra en el parque Llera, una coqueta zona de Medellín, lleva su nombre. Por esta razón mucha gente concurre con el solo objetivo de ver de cerca al otrora ídolo del América de Cali, Nacional de Medellín y el Cúcuta. O simplemente inciar una amistad con el salteño, que cordialmente atiende a todos los concurrentes.

Su señora, que también es abogada, lo acompaña en la tarea. Actualmente tiene dos hijos en Colombia y dos en Uruguay. Los uruguayos, varones ellos, de 18 y 20 años, se dedican también al fútbol y se encuentran uno en las juveniles de Huracán Buceo y el otro en Deportivo Maldonado.

Hace 5 años que no viaja a Uruguay y por eso la charla se hizo larga y terminó con el restaurante cerrado en una tertulia de café.

Dialogamos sobre distintos aspectos y también de la experiencia que le tocó vivir hace muy pocos días, antes de comenzar la Copa, cuando un coche-bomba explotó a escasos cien metros de su comercio.

–¿Te gustó y te quedaste?

–Sí. Colombia es un país hermoso, ideal para vivir, lástima los problemas que tiene. Pero es como que uno, al igual que la gente, se acostumbra y la va llevando. Es una lástima porque la tranquilidad y la paz no se pagan.

–¿No te dan ganas de volver?

–Sí, por más que pase el tiempo, uno extraña, nunca te terminás de adaptar del todo, pero es muy difícil volver a mi país. Según tengo entendido, está muy bravo por allá y qué puedo hacer. Es muy complicado moverse. Acá trabajo tranquilo, el restaurante no es como el fútbol. Acá hay que tener paciencia y tratar de ir mejorando de a poco.

Quizás ganar lo que ganaba en un año jugando acá te lleva cinco, pero me gusta, es otra cosa.

–¿Qué recuerdos te quedan de tu época de jugador?

–Muchos, la Selección con la que fuimos al Mundial de México, en 1986, por ejemplo, las eliminatorias, las finales con el América de Cali por la Copa Libertadores y principalmente aquella que perdimos en Chile contra Peñarol en 1987, con gol de Diego Aguirre. Me acuerdo que a poco del final, el propio Diego se la tenía jurada a un compañero mío y si no convierte ese gol, se hubiese armado un lío descomunal. Aparte Peñarol tenía cada nenes.

Mi pasaje por Danubio, o el Peñarol de 1989, cuando jugué con Carrasco de compañero y nos dirigió el Cata Roque. También estuve en 1986 en el Santos de Brasil. Eso fue antes de venir para aquí.

–¿Y como técnico?

–Acá dirigí al Cúcuta en la Segunda División. Por suerte lo ascendimos a Primera, a la temporada siguiente estuve sólo 7 partidos y me vine para Medellín. También estuve como veedor de jugadores un año, observando chicos para el Nacional, cuando estuvo el profesor Ricardo de León, pero cuando se fue, yo también lo seguí. Ahora estoy dedicado al comercio, aunque hay una idea por ahí de hacer una escuela de fútbol con el paraguayo Cabañas y René Higuita. La intención es juntarnos y cada uno en su área aportar lo mejor para educar futbolísticamente a los niños. Creo que puede funcionar.

Si te gusta la docencia, ¡qué raro no te llaman los clubes para trabajar en los juveniles y aportar en enseñanza de fundamentos!

–Eso es algo que nos preguntamos los ex futbolistas aquí. Colombia no está organizada para ello. Hay muchos jugadores desaprovechados. Recién te nombré a Higuita, por ejemplo, que en su materia tendría mucho para aportar. Fijate, por ejemplo, aún Colombia continúa buscando el remplazo de Valderrama y no lo encuentra. Es difícil el recambio de jugadores.

–El atentado sucedido hace pocos días, antes de comenzar la Copa, fue en este barrio, ¿no?

–Claro, a cien metros, en la otra cuadra. Lo que pasa es que alrededor de esta plaza están todos los restaurantes que son frecuentados por los habitantes de Medellín con mayor poder adquisitivo. Por eso fue blanco del atentado.

–¿Y qué sentiste cuando sucedió?

–Fue una explosión… ¿cómo te puedo explicar? Rara… como con ruido a lata. Claro, era un coche-bomba. Cuando reaccioné, me corrió un sudor frío por la espalda, pero inmediatamente nos dimos cuenta de que por suerte a la gente que estaba en el local no le pasó nada. Fue terrible.

Me imagino el pánico…

–No. La gente se quedó tranquila, comentaron enseguida que era un atentado, no te olvides que están acostumbrados. Vivieron la guerra de los «cárteles» entre el de Medellín y el de Cali, cuando había tres bombas por día.

Eso sí, los clientes quedan mal y con tranquilidad todo el mundo pidió la cuenta y se fue. Algunos dejaron la cena por la mitad. En cinco minutos estaba toda la zona rodeada y cerrada para la circulación.

–¿Alguien se adjudicó el atentado?

–No, pero se supo, pues atraparon a uno. Fue una banda organizada que se llama «La terraza» y es la más grande que hay aquí. Son delicuentes comunes. Lo que pasó fue que, unos días antes, la Policía mató al líder y en venganza golpearon en la zona más pudiente y que más le doliera al alcalde.

Tranquilo, pausado, casi lento, como cuando jugaba, nos acompañó al retirarnos hasta su vehículo, que nos llevaría de vuelta al hotel. Pero demostró, como con la pelota, su exquisitez y calidad de persona, de ser humano preocupado por afrontar la vida sin el elemento que lo llevó a la fama: el fútbol. *

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