La celeste, por encima de todo
Estamos a sólo tres semanas del debut y, aunque no nos guste, debemos tolerarnos, porque si Uruguay logra una gran actuación, la gloria, esa inconstante que generalmente se va con cualquiera, será de los jugadores y de los técnicos. Y estará muy bien. Pero lo que no se podrá modificar es el sentimiento de la afición en general, a la que por otra parte pertenecemos cuando no ejercemos funciones específicas La afición entonces disfrutará, como siempre, y muy especialmente, cuando nuestra patria deportiva transite por caminos de resultados positivos, que nos pongan entre los que compiten por el cetro de mejores del mundo. Como en el cuento del Principito, cuando el Rey ordena al sol que baje, éste le manifiesta que espere el atardecer, cuando naturalmente se cumple el orden universal. Entonces no me cierra esta angustia del rey por precipitar los acontecimientos, atomizando e inventando enemigos a esta selección. Porque el único propósito de los que se relacionan con el fútbol y el mejor de los deseos para nuestro combinado es ganar. Por eso decimos que si todo lo están desarrollando como se requiere para semejante momento, hay que tener la tranquilidad de quienes cumplen el orden universal de los bien intencionados y sanos de espírítu y verán reflejados en los resultados sus anhelos. Es inútil precipitar y mucho menos querer compartir responsabilidades que les pertenecen absolutamente.
El futbol está sujeto a riesgo permanente. Son los códigos que existen desde que se inventó el mismo, por lo tanto los que toman las decisiones, como los que las asumen, saben muy bien que un tiro en un palo, una bandera que no se levanta, un mal pique de esa caprichosa pelota resultarán determinantes y detonantes de posteriores situaciones. Lamentamos profundamente cuando sentimos las quejas de estos quejumbrosos beneficiarios directos de las consecuencias económicas que genera nuestro futbol. Muchas veces han sido los mismos transgresores que hoy, a través de una situación económica resuelta, físcalizan y juzgan. Levantan y bajan el pulgar y pobre de los que no estamos de acuerdo con sus napoleónicas determinaciones. Por favor, muchachos, no perdamos de vista nuestros orígenes, compartimos sueños, donde carnaval, fútbol y esquina nos marcaron un destino. Empujemos este barco celeste, que, más que barco, parece una balsa, donde todos nos queremos subir, sin importarnos a quién queremos tirar para permaner flotando.
Compartí tu opinión con toda la comunidad