Un día como hoy, Uruguay se coronó campeón del mundo en Maracaná
En ocasiones suelen oírse frases como «todo tiempo pasado fue mejor» o «el tiempo cura las heridas». Pasaron ya 51 años de aquella conquista memorable, como lo fue la copa del mundo obtenida por nuestra Selección en el recordado «maracanazo» de 1950.
Aquel 16 de julio un puñado de uruguayos gozó en el Estadio Maracaná ante nada más ni nada menos que 200.000 brasileños que habían preparado su fiesta para celebrar la obtención de la primera Copa Mundial.
Pero no pensaron en que una vez culminados los noventa minutos los únicos que festejarían serían los uruguayos.
«O Brasil morreu», decían las páginas de los diarios norteños, que mostraron su incredulidad ante semejante proeza.
El de 1950 fue un torneo que dejó muchas anécdotas, como por ejemplo la del relator compatriota Carlos Solé, que debió transmitir el partido pegado a la línea del lateral, ya que las cabinas no existían y de pie logró emocionar a todo un país.
Otra fue el uso de los números en las camisetas de los jugadores, ya que por primera vez en la historia el máximo evento mundial vería la inscripción numérica en las casacas.
Más allá de eso, la historia se inició el año anterior, cuando 33 selecciones decidieron participar de las eliminatorias en el mundo. Trece llegaron a la fase final, que se jugó en Brasil. Las 13 selecciones, divididas en las ciudades de Belo Horizonte, Curitiba, Porto Alegre, Recife, Rio de Janeiro y San Pablo, animaron un evento que culminó con un promedio de 4 goles por partido.
«Con copa o sin copa somos los campeones del mundo»
Muchas veces oímos hablar y nos mencionaron de la grandeza de varios de los futbolistas que integraron aquel plantel campeón. Pero sin lugar a dudas la figura más emblemática fue la del «Negro Jefe» Obdulio Jacinto Varela.
Aquel volante de temperamento fuerte lo demostró cuando la entrega de la Copa Jules Rimet se demoró por el festejo y porque la gente entorpeció la ceremonia final. «Vámonos… porque igual, con copa o sin copa, somos los campeones del mundo», dijo Varela cuando la entrega del trofeo parecía que no llegaría.
Pero minutos más tarde surgió el mismísimo Jules Rimet, presidente de la FIFA, para entregarle la ansiada copa que llevaba su nombre. Cada vez que culminaba esta clase de competiciones internacionales, el jerarca de FIFA realizaba un discurso en alusión al equipo campeón. Pero esta vez se la reservó, seguramente porque no esperaba el desenlace final. Por si fuera poco, antes de jugarse el partido definitorio Obdulio les dijo a los fotógrafos brasileños: «Vengan a sacarnos las fotos a nosotros, porque somos los campeones del mundo». *
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