Uruguay no debería asistir
Francamente, fueron tantas las incongruencias manifestadas por la Confederación Sudamericana con respeto a la próxima –y ahora inminente– Copa América, que no resulta fácil referirse al tema. Sin embargo, hay algo en que la mayoría estamos de acuerdo y es que no debió jugarse el torneo en Colombia de acuerdo a las circunstancias que rodean la caótica actualidad que vive actualmente el hermano país del norte del continente.
¿Seguridad o dinero?
Todos los aficionados conocen lo que sucedió en las últimas semanas, con marchas y contramarchas inexplicables, pero lo cierto es que la CSF decidió hace pocos días que la Copa no se iba a realizar en Colombia a raíz del secuestro del miembro de su ejecutivo, Mejía Campusano. Conocida esa decisión, los secuestradores dejaron inmediatamente en libertad al citado directivo, en claro mensaje sobre su intención que el certamen no se llevara a cabo en su tierra. Pero los presididos por Nicolás Leoz volvieron sobre sus pasos y determinaron –cuando ya Brasil había tomado la posta– ratificar la sede inicial, aunque postergando todo para el año próximo, cuando todos sabíamos que era imposible su dilucidación en el 2002, año de Copa del Mundo.
Finalmente, hace pocas horas, y por exigencias de quienes compraron los derechos de televisión, se fijó –por mayoría–la disputa para el próximo miércoles, que era la fecha inicial. ¿Qué pasó? Que las multas eran grandes si se postergaba o suspendía la Copa y entonces pasó a segundo plano la inseguridad que afrontarán todos los concurrentes a la cita, jugadores, técnicos, turistas, dirigentes, periodistas, etcétera. Un verdadero disparate, además de una muestra cabal que lo único que importa es el dinero, aun por encima de los riesgos que puedan correr deportistas que de lo único que debieran preocuparse es de las funciones que cada uno tiene que cumplir y no estar a merced de gente que no respeta la vida de sus semejantes.
¿Quién se hace responsable?
Uruguay tendría que abstenerse de participar en el torneo. Además de la inseguridad apuntada, el equipo que se formará distará mucho de ser una fuerza representativa del fútbol celeste. Hay jugadores de licencia, otros de pretemporada, algunos curándose de sus lesiones, varios volvieron al país donde trabajan, en fin, una melange que además se completa porque el plantel se integra con «cuotas» de los clubes. Esto es común a los demás países, que también desarmaron sus selecciones ante las decisiones de la Confederación. Pero, por encima de todo, nadie asegura –es imposible– que la delegación estará a salvo de la saña criminal de terroristas y fuerzas paramilitares, incontrolables para las autoridades colombianas, que incluso no pueden acceder a gran parte del territorio del país.
Hoy habrá una reunión de la Mutual con los hombres que Púa nombró anoche. El gremio ha solicitado a AUF y al gobierno determinadas medidas precautorias. Si se le conceden, allá irán nuestros compatriotas, «a ver qué pasa». Ojalá nadie tenga que arrepentirse.*
Te recomendamos
el mundial opacado
El caso Omar Abdulkadir Artan: deportación, racismo y escándalo en la antesala del Mundial 2026
Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro de África, tenía los documentos al día, la VISA aprobada y todo en regla: iba a dirigir un partido del Mundial de Fútbol y Trump le rompió el sueño.
Compartí tu opinión con toda la comunidad