El recuerdo del 50, el calentamiento de los escoceses y las entradas a mil pesos

Debido a la gran expectativa que despertaba este encuentro, las entradas para concurrir al Estadio Centenario se agotaron el miércoles pasado. Los hinchas que se quedaron sin sus boletos debieron recurrir a los archiconocidos revendedores, quienes ayer en un número mayor a los cincuenta se congregaron en los alrededores del coloso de cemento.

Los precios variaban según la tribuna pero llegaron hasta cifras increíbles. Un claro ejemplo: una entrada para la Tribuna América a cuarenta minutos de empezar el encuentro rondaba los $ 1.000. ¡Realmente increíble porque además vimos que había quien las compraba!

En las afueras del Estadio ofrecían a quienes enfilaban hacia el coloso de cemento cualquier cosa que identificara con la celeste. La mercadería era muy vasta: gorros, banderas, pins, collares, medias, bufandas, camisetas, pañuelos, lentes y un montón de otras mercancías.

Como algo habitual e infaltable en cualquier fiesta popular el sonido de los tamboriles se hacía sentir. Las lonjas repicaban sin cesar por todos los alrededores del estadio, logrando que más de un concurrente al partido se sumase a bailar la música tradicional uruguaya.

Los clásicos pintores «a voluntad» no faltaron a la cita ofreciendo su arte, que en este caso tenía una competencia bastante importante. Vimos a una chica que tenía como «muestra» de su trabajo dos espectaculares palomas pintadas en los rostros de dos chiquilines.

Los personajes que alientan a la selección celeste se multiplican, ya que el «Pato Celeste» no es el único que hincha por la selección. Ayer en los alrededores del Estadio se pudo apreciar al «Conejo» y al «Elefante» celestes, nuevos miembros de la delegación de personajes que animan a la Selección.

La fiesta estaba preparada dentro del Centenario desde muy temprano y la gente se divertía con los sones de los conjuntos del momento de música tropical que actuaron en el escenario ubicado del lado de la Tribuna Olímpica.

La conducción del espectáculo previo fue impecable y estuvo a cargo de Ariel Pinocho Sosa, que permanentemente estimuló a la gente, pese a que alguien en algún momento vino a decirle que no «arengara» al público, lo que obviamente no acató. ¡Buena, «Pinocho»!

Para que la alegría y el aliento a la celeste fuera constante se agregó un elemento más, que fueron las tradicionales banderitas. Se repartieron 45.000 banderitas para alentar a Uruguay. Por cierto, fue un lindo gesto y mejor recuerdo para quienes alentaron.

Algo que no es habitual fue ver a los jueces escoceses calentando en la cancha a lo largo de la Tribuna América. Piques, elongaciones y una entrada en calor muy especial demostraron que obviamente están en otra «onda» y no en la que estamos acostumbrados a ver permanentemente.

La selección brasileña apareció para hacer los calentamientos dentro del propio campo de juego y se ganó una de las más grandes rechiflas de la tarde. Después ingresaron al vestuario para cambiarse la indumentaria para el partido y regresaron a la cancha por el túnel que da al vestuario visitante. Sin embargo, el oficial de FIFA los llamó para que volvieran al vestuario.

Todos pensaron con lógica que era porque debían salir junto a Uruguay por el túnel del locatario. Sin embargo aparecieron por el mismo túnel e incluso con el árbitro y el segundo línea.

Uruguay en cambio ingresó a la cancha por el vestuario habitual pero acompañado del primer línea y del comisario deportivo.

Antes de comenzar el partido, varios chicos recorrieron la cancha por las cuatro tribunas portando una enorme bandera amarilla y verde en apoyo a la lucha contra las drogas. ¡Bravo por este tipo de iniciativas sin importar el lugar donde se realicen!

En la zona de palco alto sector D estaban ubicadas las emisoras brasileñas que llegaron a Montevideo para transmitir el partido. Precisamente fueron 27 radios del país norteño las que solicitaron línea de transmisión y fueron muchos colegas brasileños los que terminaron «calentitos» por el resultado y lo expresaron, incluso, a través de los micrófonos.

Y si hablamos de cobertura del partido, debemos mencionar que fueron más de 80 fotógrafos los que se congregaron en la cancha para hacer su trabajo. En algún momento tuvieron un contratiempo con el comisario deportivo, quien mandó que despejaran el lugar por donde entraba uruguay, pensando que también por ahí lo haría Brasil. ¡Qué iluso ese señor, porque Brasil desconoció el Fair Play!

Cuando estaban entonando los himnos de Uruguay y Brasil, en la Tribuna Olímpica se desplegó una enorme bandera celeste que tenía sólo números: 1950. El año de la mayor hazaña del fútbol celeste, cuando en Maracaná nos consagramos campeones del mundo.

Paradójicamente esa debe ser la mayor frustración brasileña y los uruguayos nos encargamos de recordárselos cada vez que es posible, como sucedió ayer. Al final, la enorme bandera volvió a desplegarse en señal de festejo.

Y si mencionamos banderas, de las tantas que adornaron esta fiesta dominguera, destacamos una de los brasileños, que con ingenio pedían al técnico Scolari: Felipao, sacá a la selección de este apagón, haciendo referencia a la crisis energética que vive el país. La cara del técnico incluso estaba dibujada dentro de una bombita de luz. ¡Por suerte no se iluminaron!

Y ya que estamos con Scolari, ¡qué lío tenía con el cuarto árbitro! El técnico brasileño discutió porque no quería el micrófono de la televisión dentro del perímetro donde podía estar. Al final salió ganando, porque corrieron el micrófono como quería.

Una de las novedades de la tarde fue el «Marciano chupaserpentinas», que hizo su aparición para limpiar de papelitos el terreno de juego. Se trataba de un carrito adecuado con una larga manguera que aspiraba todos los papeles esparcidos en la cancha. Su actividad fue antes de comenzar el partido, por lo que cumplió adecuadamente.

La gente no entendía nada cuando el técnico Púa comenzó a hacer los cambios sacando gente de ofensiva para mandar al campo jugadores de puestos más defensivos. La contracara era Brasil, que sacaba defensas y mandaba atacantes. La rechifla en cada caso fue espectacular pero sin embargo el que ganó y se retiró ovacionado al final fue el técnico Púa, que una vez más acertó en las variantes, demostrando su sapiencia.

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