UNA DEFENSA GRANITICA PARA SOSTENER EL RESULTADO

Triunfo histórico, a la vieja usanza celeste

Uruguay sabía que no podía ganar midiendo su fútbol con el de Brasil. Que debía apelar a esas reservas morales que han sido patrimonio de las selecciones celestes de otros tiempos. Sabedores de eso, los muchachos compatriotas demostraron desde el comienzo que estaban dispuestos a dejar el alma en la cancha del Centenario. Cada pelota dividida fue peleada como si fuera la última en la vida, la recuperación del balón fue la inspiradora de los mayores esfuerzos. Un arquero siempre atento y seguro como Carini, la línea final de Méndez, Sorondo, Montero y Guigou bien parada en el fondo, Romero, De los Santos y García en la primera línea de contención, metiendo como locos e interponiéndose al arranque norteño de la media cancha. Magallanes y Recoba alternándose en el enlace y Darío Silva yendo a todas, a las posibles y a las imposibles. Un 4-3-1-2 flexible, en el que se vio cómo Darío y Magallanes hacían coberturas para los defensores y volantes que se iban adelante. Uruguay corrió y corrió y de esa forma cerró los caminos a una oncena albiverde que se vio sorprendida por la resistencia conmovedora de los celestes y que careció de variantes ofensivas para romper ese frontón uruguayo. Sólo ofreció como aspectos positivos el despliegue brillante de Juninho Paulista, el único que complicó con su habilidad y velocidad, y la pegada admirable de Roberto Carlos cruzando balones al otro sector de su ataque.

Apareció el genio de Recoba

El partido se planteó con mayor control del balón por parte de Brasil pero sin que llegara hasta Carini, que no tuvo mayores exigencias en ese lapso. 3-3-2-2 fue la táctica de «Felipao». Por los 20 minutos Marcos salvó ante un zurdazo de Darío. Poco después, en la única acción peligrosa de los cebedenses, Romario cabeceó a las manos de Carini. Casi enseguida otra vez Marcos le tapó una jugada de gol a Silva, hasta que, pasada la media hora, apareció el genio de Recoba, ese que todos los uruguayos estábamos esperando hace mucho tiempo, para concretar una maniobra sensacional, arrancando apenas superada la línea central y eludiendo en su camino a cuatro rivales hasta que Cafú lo derribó en el área en un penal claro que el excelente juez escocés Hugh Dallas –de labor irreprochable– sancionó sin vacilaciones. Magallanes convirtió con clase y el 1 a 0 nos puso en la difícil tarea de defenderlo durante casi una hora. En la última parte de la etapa los norteños intentaron irse arriba pero sin conseguir quebrar a la ordenada defensa celeste. Incluso, ya en los descuentos, Magallanes se perdió el segundo al no poder desviar, en la boca del arco, un tiro libre ejecutado por Recoba.

Una defensa «a la uruguaya»

Como era previsible, los brasileños se fueron arriba en procura del empate. A los 2 minutos, en un rápido contragolpe, ante una gran entrega de Magallanes, Recoba marró una oportunidad más que favorable al rematar cruzado, superando la estirada de Marcos pero saliendo la pelota afuera muy cerca del lateral izquierdo. Esas posibilidades perdidas en cierto modo agrandaron a los visitantes, que ahora complicaron porque al despliegue de Juninho se unió un accionar colectivo muy sobrio, que obligó a Uruguay a redoblar esfuerzos para contenerlos. El objetivo se cumplió a rajatabla, con rendimientos individuales de enorme jerarquía, como los de los cuatro de atrás y el derroche de energías de Romero, De los Santos y García peleando, mordiendo, robando mil pelotas. Adelante, ya cansados Magallanes y Recoba, entraron Regueiro y Giacomazzi para desahogar a la retaguardia, que definitivamente se afirmó cuando Púa, en una variante que algunos silbaron pero que fue inteligente, hizo ingresar a Lembo para ayudar en la contención de Juninho y a la vez tener cinco hombres en el fondo previendo, como así sucedió, que Brasil, desesperado porque se acercaba el final del encuentro, apelaría a los centros. El peligro creado por los norteños fue bien controlado, aunque la angustia de la tribuna –y de nosotros ¿por qué negarlo?– hizo que el cotejo pareciera interminable.

El triunfo celeste fue logrado por méritos propios. Suyas fueron en cantidad y calidad la mayoría de las acciones de gol que tuvo el encuentro (dos de Darío, una de Recoba, otra de Magallanes y un tiro libre de Guigou que devolvió el travesaño) y suya fue la actitud ganadora que el equipo mostró a lo largo de la lucha. A la vieja usanza celeste, con una gran defensa, de contragolpe, y poniendo todos los elementos que hay que poner cuando se enfrenta a un adversario de superior jerarquía técnica. *

URUGUAY 1

Fabián Carini (7)

Gustavo Méndez (8)

Gonzalo Sorondo (9)

Paolo Montero (7)

Gianni Guigou (8)

Marcelo Romero (8)

Gonzalo De Los Santos (8)

Pablo García (8)

Alvaro Recoba (6)

Darío Silva (6)

Federico Magallanes (9)

DT: Víctor Púa.

Suplentes: Gustavo Munúa, Gustavo Varela, Marcelo Zalayeta y Javier Chevantón.

Cambios: 62′ Mario Regueiro (7) por Darío Silva, 71′ Guillermo Giacomazzi (6) por Federico Magallanes y 75′ Alejandro Lembo (7) por Alvaro Recoba.

 

BRASIL 0

Marcos (7)

Roque Junior (6)

Antonio Carlos (5)

Cris (6)

Cafú (6)

Emerson (6)

Juninho Paulista (8)

Roberto Carlos (7)

Rivaldo (5)

Elber (5)

Romario (5)

DT: Luiz Felipe Scolari.

Suplentes: Dida, Belletti, Lucio, Alex y Giovanni.

Cambios: 59′ Euller (5) por Elber y 74′ Mario Jardel (4) por Antonio Carlos.

Gol: 33´ Federico Magallanes de penal (U).

 

Jueces: Hugh Dallas(9), James Mc Bride y Wilson Irvine (Terna de Escocia). 4o. árbitro: Stuart Dougal.

Tarjetas amarillas: 7´ Paolo Montero (U), 52´ Federico Magallanes (U), 54´ Pablo García (U), 60´ Antonio Carlos (B) y 77´ Roque Junior (B).

Cancha: Estadio Centenario.

Público: 75.000 personas.

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