Amarillismo y otras yerbas; más incitación a la violencia
Desde hace un tiempo se da el caso muy particular de notas periodísticas en las que se alude a determinadas personas, sin individualizarlas, con conceptos duros, en la mayoría de los casos de mal gusto, por parte de gente vinculada de alguna manera al fútbol, en el que ocupan cargos importantes en instituciones o empresas. Esos artículos son utilizados, en nuestro concepto de manera errónea, como forma de llamar la atención, logrando el dudoso éxito de generar enfrentamientos absurdos, que no le hacen bien a nadie y, principalmente, al fútbol que todos nos jactamos de querer apasionadamente.
No es nuestra intención hacer periodismo de periodistas, nunca fue la forma en que encaramos esta profesión, que abrazamos con fervor desde hace más de 35 años, pero sí destacamos ese perjuicio que a veces se genera escarbando en algunas declaraciones, o haciendo preguntas que llevan al entrevistado a expresiones escabrosas, fuente de futuros conflictos.
En este caso me voy a referir –a partir de ahora escribo en primera persona por tratarse de una opinión propia que, aclaro, no tiene nada que ver con mi condición de presidente del Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay– a una nota publicada por un colega en la que el reporteado, el empresario señor Francisco Casal, hace algunas precisiones que me siento en la necesidad de analizar.
El periodista (no lo nombro porque el reportaje no fue firmado) le pregunta cómo evalúa los resultados de la presencia de Tenfield en el fútbol uruguayo y el señor Casal contesta entre otras consideraciones: «Yo creo que algunas cosas ya se han logrado, pero, como siempre, están los amarillistas, los negativos, los fracasados que llevan su fracaso a todos lados, que conviven con ese fracaso y lo quieren trasmitir, lo quieren irradiar… pero no han podido, y no pueden ni podrán con nosotros».
Quedan muchas dudas en esa respuesta. Por ejemplo, ¿qué significa amarillistas, quiénes son los negativos, cuáles los fracasados, quiénes los que intentan «poder» con Tenfield? No hay nada claro. Si ser coherente en los conceptos que se manejan, si ser realista, si ser justo tanto cuando se critica como cuando se elogia, significa ser amarillista, puedo decir con satisfacción que me siento muy amarillista. En cuanto a fracasos, hay muchas maneras de llegar a ello, puede ser no haber conseguido una posición económica desahogada o no haber trascendido en la práctica de un deporte en el que se pretendió hacerlo, o mil cosas más. No sé a cuál de ellas alude el entrevistado.
Otra interrogante fue si había mucha resistencia a los cambios, si se pueden variar realmente las cosas en este fútbol. Dijo Casal: «Creo que por primera vez hay una conciencia colectiva de que esto necesitaba un cambio. Claro, aquellos que quieren que el cambio se de en 180 o 250 días, o en un año, son también aquellos que a veces cuentan verdades a medias, y la verdad a medias es la peor mentira. Cuando se extrae del contexto cosas que se dijeron y se reubican de otra manera, para hacerle creer a la gente que no se le está dando lo que se le quiso vender…».
Más dudas. Se sigue generalizando, como para que todo el mundo saque sus propias conclusiones, manejando nombres, enlodando trayectorias, etcétera. Aparentemente, y esto va por mi cuenta, porque del texto no surgen hechos concretos, todo aquel que no está de acuerdo está en contra y eso no es tan así. Discrepar es sano en una democracia como la nuestra y no creemos que el fútbol, por el momento, haya dejado de ser integrante de la democracia uruguaya.
Se le pregunta sobre los objetivos buscados y responde: «Un fútbol uruguayo estructurado, con condiciones mejores, saneado económicamente, competitivo a nivel internacional». Enteramente de acuerdo, aunque pienso que la forma en que se procura eso no es la más adecuada. El colega le dice que eso cuesta bastante, que no es nada fácil, a lo que contesta: «Pero ese esfuerzo lo vamos a agotar hasta que nos quede la última gota de sangre. Yo sé que hay muchísima gente a favor y hay algunos poquitos en contra. Esos poquitos me motivan para seguir peleando, sin contestarles, calladitos, pero seguir peleando. Yo sé que tengo la dignidad que ellos no tienen».
¡Epa! Ya hay un ataque muy agresivo para los que, según el entrevistado, no tienen dignidad. Ya es indispensable que desenmascare a esos malos deportistas, si es que existen. No se sabe si alude a dirigentes, periodistas, entrenadores, futbolistas, o qué. Por las dudas, los que leen estas notas o escuchan mis actividades radiales, si es que los hay, saben que las opiniones que vierto, en cualquier tema, no son para nada indignas. Tal vez a alguien le caiga el sayo… o no.
Más adelante en la nota el reporteado insiste en lo de amarillistas y el cronista le pregunta a quiénes se refiere con ese calificativo. La respuesta es: «Todos sabemos quiénes son… hay un sector… todos sabemos, hay gente que está en contra, pero está en contra sistemáticamente, por sistema. Gente que ha vivido en contra, que traslada su fracaso personal, que se sienten perdedores y lo trasladan a todo lo que hacen. Entonces, venden una moral que no existe, que no tienen, porque yo tengo elementos para decir que son amorales. Por eso, si yo ayudo van a decir que no ayudo, pero si ayudo dicen que emparcho. Ni una ni la otra. Yo sé, y hay clubes que lo han demostrado, que se puede. Lo que hago es invitar a aquellos que no han podido a que se sumen a ese proyecto, a hacer determinadas cosas».
Para la mayoría de los elementos manejados en este párrafo, ya realicé un análisis completo, porque lo que se hace es repetir lo de «estar en contra», aunque en esta oportunidad se le agrega «por sistema», pero lo nuevo es eso de tener elementos para decir que determinadas personas, siempre innominadas, son amorales. Esa es una acusación muy seria y lanzada sin el menor sentido de responsabilidad, muy parecida a la que hace algún tiempo otro deportista efectuó contra algún periodista, tampoco identificado.
Entiendo que los argumentos que se manejan en el artículo de marras sólo sirven para crear dificultades. Muchas veces el poder se transforma en impunidad y ese es uno de los peores males que puede aquejar a una sociedad. En el fútbol uruguayo actual se está llegando a un nivel peligroso, no hay límites para las agresiones verbales y, con tristeza lo manifiesto, algunas veces el periodismo ayuda y alienta los desbordes de gente que se lleva a todo el mundo por delante por el simple hecho que alguien no esté de acuerdo con su forma de proceder. En lo personal, punto final para este tema. Seguiré trabajando de la única forma que entiendo el periodismo, defendiendo mi opinión, pero nunca creyéndome dueño de la verdad, aprobando lo que entienda justo y discrepando con lo que a mi juicio no lo sea. Por si las moscas, creo que procediendo de esa forma no esté sistemáticamente en contra de nadie. Para terminar, reitero que esta nota no involucra para nada al Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay, que me honro en presidir y que, a su tiempo, si lo entiende necesario, hará conocer su pensamiento públicamente.
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