Llenos de lo que nunca tenemos, pero que nunca nos falta

Conservamos intacta la ilusión de lo que fuimos en otra época. El partido de Nacional y América de Cali, es una muestra clara del convencimiento histórico de nuestra afición deportiva, que convocó 40.000 personas con un anhelo compartido de revertir un 2-0, que terminó en un 5-1 irrevocable.

En este momento tan especial, de decepciones constantes por las que transita nuestro fútbol, pareciera que se fueron o no quieren aparecer, pero por supuesto no están todos los «hombres fútbolistas» del barrio. Como consecuencia se acallaron los ecos de los místicos peloteros de antaño, que se perdieron en el tiempo y ya nadie tiene la capacidad de resucitar.

Ante estas deserciones, se cuelan y se hacen un lugar estos modernos alquimistas que seducen con sus piruetas y promesas clandestinas. Induciendo a una transformación inexistente, de un fútbol cansado de andar en banda, técnicamente incapacitado y con una parálisis crónica de creatividad. Donde todo se reduce al tedioso y reiterativo pelotazo, que no salva a nadie, dirimido en el mundo entero pero con plena vigencia en nuestro fútbol. Este América de Cali nos terminó de desnudar y nos dejó expuestos ante el mundo entero de la impericia manifiesta que poseen nuestros fútbolistas, de la confusión en la que están sumergidos.

¿Por qué? Porque les dicen que hay que meter, que no importan las formas de jugar, que lo único que importa es ganar como sea, porque el patriarca de las marcas impuso su grifa. Donde los diferentes planos básicos que hacen al juego resaltaron la parte mecánica del mismo, la táctica y la física, la más fácil de implantar se transformó en la «biblia» para los jugadores. Lo adoptaron como metodología propia y definitiva y fueron dejando de lado los fundamentos y destrezas, las consecuencias están a la vista.

¿Cuál es la parte más fácil de entrenar?, seguramente que la triangulación. ¿Cuál requiere de cierta pericia de coincidencia interpretativa?, seguramente que la «pared». ¿Dónde encontramos la mayor dificultad?, seguramente en quienes deben enseñar a driblear, en este país donde odian al «comilón». La ausencia de esta raza en extinción es la causa fundamental de este fútbol anodino, carente de fantasía, sin espíritu de aventura y donde los que enseñan creen que las moñas se comen con tuco o con manteca.

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