En la hora Danubio hizo sonar la viola
Danubio cambió su actitud y se nota. Estos dos últimos triunfos en la hora ante Nacional y Defensor Sporting –cosa que antes no ocurría– son un fiel reflejo de ello. Danubio juega a ganar siempre y hasta el último minuto pero además el técnico Fossati así se lo exige a sus jugadores y éstos entienden perfectamente que para ser protagonistas y pelear los títulos hay partidos en que se debe poner mucho más que fútbol y ganas. Y así fue ayer en el miniclásico del fútbol uruguayo ante los violetas, que con chapa de aspirantes al título se plantaron en Jardines del Hipódromo dispuestos a llevarse los tres puntos en juego.
Danubio, sabedor de que sólo el triunfo era coherente con la posibilidad de pelearle el cetro al aurinegro, debió salir a ganar de entrada.
Y en definitiva la franja fue mejor que su rival a lo largo del partido y el gol de Diego Perrone en la hora puso justicia al marcador, porque en definitiva Danubio fue el que quiso siempre.
Incluso hay una situación a poco del final que demuestra cabalmente lo que cada técnico interiormente sentía o vivía en el partido, porque mientras Keosseian apeló a Omar Pérez en lugar del cerebro Ligüera, Fossati mandó a la cancha a Ojeda en lugar de Pouso, en clara intención de sumar gente en la zona caliente violeta. Después sacó a Chevantón y al «Pollo» Olivera pero metió en el rectángulo verde a Callejas y fundamentalmente a Perrone, que fue quien hizo estallar a Jardines en la hora con un golazo.
Antes y durante los 90′ fue bastante parejo aunque Danubio mantuvo el predominio en lapsos en que se intentó jugar al fútbol. En otros lapsos en que el fútbol se ausentó y predominó la marca y los errores, los dos se equivocaron por igual «ayudados» por un arbitraje bastante discreto de Cabrera.
De todas formas, Defensor se puso en ganancia cuando el cronómetro pisaba los 18 minutos de juego. Ligüera pelea con dos defensores danubianos una pelota dividida desde el piso y se reincorpora para pegarle bajo y contra un palo para hacer inútil la estirada de Bordad. Los danubianos se querían comer al línea Rial, que había levantado el banderín indicando posición adelantada del «Tanque» Silva, pero en el gol lo bajó. Danubio sintió el gol pero se las ingenió para reacomodarse de a poco, hasta que a los 24′ llegó el golazo de Olivera.
Un centro al área violeta, una cabeza que gana en el salto y la pelota que deriva hacia el «Pollo» Olivera, que la calzó de bolea y la clavó arriba en un ángulo, en lo que fue el merecido empate. Después el partido cayó en un pozo del que salió sólo en el complemento, cuando Danubio intentó algunas llegadas por intermedio de Chevantón y Risso, aunque el fútbol siempre debió pasar por el «Pollo» Olivera. Defensor fue menos de lo que se pensó y no llegó prácticamente con claridad en ningún momento. De todos modos, tuvo oficio, puso ganas y fue llevando el partido a su conveniencia, quizás esperando algún contragolpe o algún error de la defensa danubiana. En definitiva dejó correr los minutos jugándose a un empate que si bien no era lo ideal al menos lo mantenía a tiro del carbonero. Pero en la hora Defensor se descuidó y Perrone la mandó a las piolas. Fue triunfo locatario que deja a Danubio como escolta a dos puntos de Peñarol y a los violetas, casi resignando el título, a cuatro unidades del puntero.
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