CENTRAL NO SE ACHICO NUNCA Y BUSCO LA VICTORIA

La neblina tapó a Nacional

Un pálido empate fue todo lo que se pudo llevar Nacional ayer por la tarde en el Centenario, cuando enfrentó a Central Español.

El primer tiempo fue para el olvido, ya que el partido se disputó en la mitad de la cancha y los dos carecieron de poderío ofensivo para inquietar al rival. Sólo tres cabezazos de Richard Morales, con el ingrediente de que uno de ellos dio en el palo, fueron las chances de gol que tuvo el tricolor. Luego se vería que sería lo más descatable, incluso, de todo el partido.

Pobre, muy pobre, la actuación de los dirigidos por Hugo De León, que jamás se parecieron al equipo aquel de las primeras fechas del torneo.

Carente total de ideas, con jugadores en un bajón futbolístico y anímico considerable y con una desconexión total en el circuito futbolístico. Ese fue Nacional.

Del otro lado estuvo Central Español, que con jugadores muy jóvenes (hay que recordar que debutaron siete en el Estadio) y con los más experientes lesionados, De Marco y Pedro González, de todas maneras no fue a defenderse, como se podía prever. Por el contrario, durante casi todo el partido buscó siempre el arco rival y tuvo la clara intención de ganarle al tricolor. Pero le faltó profundidad en ataque y mayor confianza en alguna posibilidad que tuvo cerca del área de Munúa. De todas maneras, llegó en varias oportunidades y tímidamente inquietó a los defensas. Pero hubo partes del partido en que a los tricolores les costó pasar la mitad de la cancha, porque se encontraban totalmente asediados por el rival, que los llevó a jugar en su campo. Sin pena ni gloria y realmente con un desarrollo como para olvidar, se terminó el primer tiempo.

Nacional con la artillería pesada

En la segunda parte el panorama no cambió mucho. El grande, responsable de imprimirle el ritmo al encuentro, no asumió jamás esa tarea.

Pelotazos y centros buscando a Richard Morales, para sorpresa de todos, fue el único argumento que exhibió el equipo albo, que un tiempo atrás se caracterizó por el buen toque y la creación de jugadas colectivas. Pero un gran trabajo de Esmerode, junto a Andrés Silva, que anuló totalmente y le ganó casi siempre a Morales, disipaban todo el peligro. Sólo las tres llegadas del primer tiempo, en las que el espigado delantero pudo cabecear, Nacional estuvo a punto de anotar. Después nada más.

El lateral palermitano improvisado, Mansilla, no respondió mal y el trajinar de Ibarra y Fernández en la mitad de la cancha destruyeron a Nacional, que no encontró el camino acertado para hacer un buen partido.

Central no se achicó nunca, fue mucho más prolijo en el fútbol y no mereció jamás perder ese encuentro. Decimos esto ya que la posibilidad de que los tricolores convirtieran y se llevaran la victoria estuvo latente hasta el final.

Pues los cambios introducidos por De León, que puso toda la «artillería pesada», cuando le dio ingreso a Sosa, Webo y el boliviano Gutiérrez, apretaron un poco más en los minutos finales. En este período la situación se agravó para Central, porque se fue expulsado Mansilla. La niebla y la noche comenzaron a caer sobre el estadio y en definitiva todo nubló y oscureció aún más a un Nacional que fue totalmente inoperante y confuso.

Vale destacar el planteo y las pretensiones que tuvo siempre Beethoven Javier, pues con mucha humildad llegó al Centenario y les dijo a sus jovencitos: «Esto es el Estadio Centenario, siempre soñaron con jugar acá, esta es la oportunidad. No la desperdicien».

Indudablemente para los siete debutantes debió ser muy difícil dormirse anoche. Mil y una vez deben de haber repasado el partido en sus mentes, cada jugada y cada pelota que tocaron. Sólo a altas horas lograron conciliar el sueño. Ese mismo que no puede conciliar Nacional, pues la actuación del equipo, imagino, le quita el sueño a jugadores y a muchos hinchas.

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