Peñarol ganó con los viejos catálogos de London-París
La antigua tienda que exitía en nuestra capital, de venta de artículos varios, ofrecía a todo el país mediante catálogos la posibilidad de compras directas. Peñarol oferta, con un similar sistema, centros frontales y al segundo palo, y Nacional compra todo. Y lo que es peor, lo hace consecutivamente desde hace ocho años.
Nacional no pierde el partido el domingo, lo comienza a perder en el período de pases y lo termina con su política de divisiones menores. Parece ser una constante que los zagueros centrales juegen linealmente, favoreciendo el anticipo ofensivo rival, por la falta de la tan mentada cobertura, que depende más de la intuición que de una repuesta preestablecida. Esto se consigue sólo con el tiempo y el trabajo adecuado, orientado por quienes no sólo jugaron al fútbol. También deben tener la pupila de dicernir y saberlo trasmitir.
Decimos que se pierde en el período de pases, pues si el rival reedita la experiencia de traer de nuevo a Luis Romero, inmediatamente los tricolores debieron mover sus piezas para contrarrestar la estrategia del rival. Porque como en el pasado, lo único que hicieron fue responsabilizar a los jugadores, que fueron los encargados de marcar al ariete aurinegro. Demás está recordar los nombres de Fernando Kanapkis, Canals, Jara y tantos otros, que debieron asumir que jugando en un deporte de conjunto, lo individual tendría una incidencia absoluta.
Todos los uruguayos que estamos vinculados al fútbol, sabemos que para armar un equipo lo fundamental es saber desarmarlo. Con la salida de Mario Regueiro, el club de los Céspedes sufre la mayor mutilación, en un país donde los remplazos escasean en cantidad y calidad. Al irse el «Moreno» también se llevó su velocidad, su contundencia, su sentido cooperativo y fundamentalmente su carácter. Por último, la acumulación de argumentos para esta derrota alba nos permite recordar que los jugadores de gran clase, con varias temporadas en sus piernas, encuentran su forma futbolística en el desarrollo de la actividad competitiva. Es muy difícil que Ruben Da Silva, Ruben Sosa y el «Manteca» Martínez, jugando de relevos le ofrezcan la posibilidad de restablecer o cambiar el destino del partido cuando el resultado está muy comprometido. Variar o reconocer los errores es de inteligentes. Si no prima la soberbia, el idóneo conductor deportivo del Club Nacional de Fútbol deberá recurrir a toda su sapiencia para evitar las secuelas de los colapsos emocionales que producen estas derrotas en los clásicos.
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