El libro del picaflor

–Picaflor, usted es como el ave Fénix, renace dentro de las cenizas.

–¿Vio? El regreso del Troquílido no podía ser mejor. Otra vez gran quilombo en el fútbol, mejor dicho sigue la farsa y cada vez se restringe más el espacio para aquellos especialistas en hacer equilibrio.

–Cuente, cuente.

–Mire, en la calle Divina Comedia están recontra calientes con los jugadores de Nacional y Peñarol –por orden alfabético como se habrá dado cuenta para no alimentar sospechas– porque se negaron a participar de una promoción de una empresa reconocida de embutidos, previo al comienzo del clásico.

–¿Qué pasó con las pelotitas?

–Los jugadores no aceptaron prestarse gratuitamente al juego de Tenfield SA que es la que embolsa el dinero en sus arcas. Hermosas chicas, bellas y muy simpáticas como todas las promotoras, ingresaron desafiando el frío otoñal con minúsculas polleras al campo de juego, unos veinte minutos antes de empezar el partido, cargando cada una de ellas una bolsa con pelotas de fútbol. Se pararon en la manga central, que da al vestuario del equipo locatario. Allí, uno de los funcionarios de Tenfield SA que estaba al tanto del motivo de la presencia de ellas descendió al camarín de Peñarol para avisarle a los jugadores que iban a tener que colaborar con el negocio de la empresa, arrojando desde la cancha, los balones a las diferentes tribunas, especialmente, hacia la Amsterdam donde estaba el grueso de la parcialidad de Peñarol.

¿Y?

–Sorpresivamente, para los intereses de la empresa del zar del fútbol uruguayo, de la cual la empresa de embutidos es esponsor, los futbolistas de Peñarol se negaron. «Si es una promoción organizada por Peñarol, estamos dispuestos a tirar las pelotas a la tribuna. De lo contrario, no», respondieron los voceros del plantel al funcionario de Tenfield SA. Una reacción similar tuvieron los jugadores de Nacional, por lo que las hermosas chicas debieron recurrir a la colaboración de los alcanza pelotas quienes a la postre, lanzaron los balones a las cuatro tribunas. En varias oportunidades, estos es a colación, no tuvieron éxito porque las pelotas no llegaron al destino deseado por la escasa potencia de los ejecutores, cayendo en los desiertos talúdes.

–A mí me comentaron que el contador Damiani hizo referencia a ese episodio en forma sarcástica.

–No le mintieron. Habló del tema en la audición Peñarol Verdad en la víspera. Dijo que los jugadores de Peñarol actuaron correctamente al negarse a tirar las pelotas a las tribunas. «Yo no sé quién fue el organizador de la fiesta. Al parecer fueron los mismos que organizan los espectáculos cuando juega Uruguay por las Eliminatorias en el Centenario. Los jugadores de Peñarol estuvieron bien, respetaron la relación de dependencia que tienen con la institución», comentó el contador Damiani, quien aprovechó la oportunidad para referirse a los globos que inundaron la tribuna de Nacional.

–¿Quién pagó esos miles de globos que se vieron en la Colombes?

–Muchos pensaron que fueron los chicos de la calle Divina Comedia pero le erraron como a las peras. Los globos, según le comentaron al plumífero, los habría pagado el vicepresidente Morgan Martínez, para darle un colorido diferente a la tribuna. Los hinchas que fueron al sector superior de la Colombes, desplegaron globos de color azul, los del sector medio blancos y los de la parte inferior de la tribuna, lucían globos de color rojo.

La verdad que la actitud de los futbolistas de los «Grandes» estuvieron a la altura de las circunstancias e hicieron valer de derechos.

– Enhorabuena. Ocurre que muchos de ellos recién empezaron a darse cuenta que no todo lo que reluce es oro y que no deben dejarse usar como si fueran profilácticos.

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