Cuando "poco" significa mucho (parte III)

Siguiendo con nuestra óptica referida a la búsqueda de caminos que puedan llevar a sacar conclusiones y mejorar nuestro nivel de fútbol, entramos en la etapa de juveniles. El niño comienza a transformarse y encontrar nuevas etapas en su desarrollo. Terminado el Baby se pasa con condiciones y suerte a planteles de Octava en adelante. La cantidad de egresados supera en largo las posibilidades del medio y por el camino queda un gran número. Falta de oportunidades, estudios y la búsqueda económica son elementos que llevan a desertar. Se da, muchas veces, que solucionado alguno de estos aspectos el chico desea retomar el camino del fútbol y se encuentra que se hace más difícil, pues perdió contacto con la práctica activa.

 

COMPETIR Y TRIUNFAR

En la etapa de niños se juega para ganar, olvidando claramente la enseñanza y siendo muy alto en exigencia la búsqueda del resultado. En lo que denominanos juveniles, el espectro es mayor, es pura competencia, con cuatro o cinco instituciones que dominan y el resto sirve de ensayo. Apuesta fuerte al tema juveniles es la que desde un tiempo a esta parte realizan, entre otros: River Plate, Defensor Sporting, Danubio y los grandes. Casos como el de Cerro son ejemplo. Pese a las dificultades económicas apuestan a formar jugadores dentro de sus posibilidades. Los entrenadores que deben tener título, curso mediante y con contrato registrado, gran conquista de la gremial, saben que dependen de los resultados. Competir para ganar, sin corregir adecuadamente, va de la mano con nuestra realidad. Cada vez menos talento, todo más luchado, trabado y desprolijo. En el medio tienden a desaparecer las Escuelas de Fútbol dirigidas por ex futbolistas, que a su vez tienen título de entrenador. Cuando aparece un trabajo, la Escuela queda en manos de terceros o directamente deja de funcionar. La Escuela es rentada, tiene la ventaja que los chicos no compiten oficialmente y que los padres pueden elegir con quién desean capacitar a su hijo. En general carecen de continuidad y no existe gran difusión en cuanto a su existencia.

 

EL PROFESIONAL

Si el jugador llega a primera apoyado por lo que recibió desde niño, sumado a su entorno familiar, ha cumplido el sueño. De inmediato tiene la avidez por un pase al exterior, no a un club del medio. La ambición es irse y cuanto antes a Europa. En definitiva, solucionar la vida para siempre, no tener más complicaciones y rodearse de todo aquello que le faltó hasta entonces. Del número impresionante de participantes del baby y en menor medida de la etapa de juveniles, unos cuantos llegan a Primera y unos pocos hacen la diferencia económica soñada. De no darse lo esperado, el individuo se encuentra con grandes dilemas. De grande llega a darse cuenta que no se capacitó para otra cosa en la vida, depende una vez más no sólo de condiciones, sino en gran medida de suerte y busca estirar el mayor tiempo posible su vida útil. En la próxima columna entraremos con los cursos de los futuros técnicos, nuestra visión de los gustos de los aficionados y las conclusiones finales.

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