EL PICAFLOR

­Picaflor, ¿explotó la interna de Nacional?

­La alegría va por barrios. Los hechos reflejan que cuando El Picaflor dedicaba años atrás, páginas y más páginas a la crisis en Peñarol, no lo hacía porque fuera anti manya o bolso rabioso, sino porque la realidad deportiva y política, lo obligaban a centrar su mirada en ese club. Ahora, los vientos han cambiado y los quilombos se reproducen en el club de la avenida 8 de octubre. El periodista es como el buen pescador; tiende sus redes donde está el cardúmen…

­Olfateo que si los resultados deportivos no sostienen la gestión de Ricardo Alarcón, la Cultura Nacional va a quedar en un simple slogan.

­No tenga la menor duda que será así. Los clubes grandes están condicionados por la historia y por ende, sus dirigentes también. Si los resultados deportivos no llegan rápido, la gestión de Alarcón se le va a complicar porque hay dirigentes que no comparten su estilo de conducción y administración y los «monjes grises» que el club tiene, le van a pasar factura.

­¿Quiénes son los monjes grises?

­Esta es una frase que El Picaflor le escuchó decir muchas veces, al ex gerente de Nacional, don Manuel Ucha, uno de los olvidados en la institución… Los «monjes grises» en Nacional, son personas que han tenido mucha influencia política en los últimos 40 años, y su opinión es muy respetada e influía en la interna del club aunque no pisaran la sede… En esa lista estaban Restuccia, Iocco, José Sassón, «Tito» Scavino, Garbarino. Hoy pueden integrar esa lista el turco Ache, Della Valle, entre otros, gente que levanta el teléfono y pueden incidir en las decisiones, aunque no hayan sido votados por la masa social… ¿Usted estaba enterado que Alarcón vetó una iniciativa para que Eduardo Ache fuera jefe de la bancada de Nacional a la AUF?

­Como decía el extinto Chiarino, no tengo conocimiento.

­La información es posta, posta. A tal punto es verdad que el ingeniero Juan Ache, hermano de Eduardo, pidió licencia a la directiva luego que Alarcón y Olmos se opusieron a que el ex presidente, ocupara un cargo de alto simbolismo político, como era ser el mandamás de la terna de delegados en la AUF.

Es más, el doctor Juan Mailhos estaba dispuesto a dar un paso al costado para permitir que Ache se integrara a la delegación, especialmente, para «ir al frente en los temas pesados que Nacional tiene que defender y pelear dentro de la AUF». Cuando el presidente y vice del club le bajaron el pulgar a esta iniciativa, Juan Ache pidió licencia y se fue para Rocha a encargarse de las estancias y arrocera, que tienen en ese departamento con su hermano.

­Sinceramente, es la primera vez que escucho esta historia.

­Esta es la historia verdadera; usted sabe que muchas veces los dirigentes prefieren la diplomacia para justificar sus decisiones pero la verdad de la milanesa es que Juan Ache se calentó con Alarcón y Olmos, y pidió licencia con la vieja excusa de los motivos particulares. Y aunque no lo va a reconocer públicamente, calificadas fuentes de Nacional le han afirmado al Troquílido que el economista Ache está muy dolido porque su ex compañero y amigo de directiva ­Alarcón­ no lo defendió públicamente, cuando los clubes chicos lo boletearon en la Asociación. Recuérdelo bien; estas aguas, traerán el lodo del futuro.

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