Cuando "poco" significa mucho (parte II)
Obviar el tema de la victoria celeste ante Chile, no podemos.
Se sumaron tres unidades, desde ese punto de vista muy buena la victoria de Uruguay frente a Chile. Seguimos en el sexto lugar de la clasificatoria, pero más cerca de Colombia. Del partido, nadie puede negar ni cuestionar el planteamiento original de Púa y las características de los hombres que incluyó.
Se originaron tres o cuatro chances claras de gol que no se concretaron, lo mismo le ocurrió a Chile. Nuestro equipo volvió a mostrar una gran imprecisión, mal manejo de pelota, devoluciones apuradas y sin destino acertado.
El nivel de nuestro juego fue muy pobre, poco alentador, por más que TV mediante, Púa hacía correcciones e indicaciones en forma permanente. Las compartimos, pero lo que sigue sin explicación es cómo jugadores que actúan en el exterior no exhiben un nivel superior al acostumbrado. Sangre, sudor y lágrimas será el lema, no por aquello que se busca haga carne en la afición, que nuestro fútbol debe sufrir para conseguir triunfos, sino porque el nivel de nuestros jugadores no mejora.
Colectivamente somos muy pobres técnicamente. Se imponen cambios profundos, no pueden demorar más.
El análisis del fútbol
Independiente al resultado de Uruguay-Chile, seguimos con nuestro enfoque en la búsqueda de caminos comunes para encontrar el diagnóstico para nuestro fútbol.
En la edición del pasado lunes, expusimos una serie de elementos que juegan a la hora de la formación de los futuros jugadores, el aprendizaje es tema primordial. En el Baby encontramos algunas diferencias con el fútbol de mayores y son:
a) No existe la posición adelantada, ni siquiera se hace referencia a la misma y lo que es más grave, no se educa al respecto y si se puede, se le saca provecho. En AUFI se asume el reglamento tal cual conocemos desde los doce años.
b) El arquero puede recibir el balón de parte de un compañero y tomarlo con la mano, está prohibido que devuelva con el pie.
c) Ante cualquier roce insignificante se cobra infracción, eso lleva a que los partidos se corten reiteradamente y carecen de continuidad.
d) Ante un remate libre, los atacantes no pueden pararse delante del arquero rival y se sanciona como falta, hecho que resta perspectiva a quienes buscan anotar y facilita la tarea defensiva.
Es de conocimiento que se juega en canchas de dimensiones reducidas y es lógico con algún agravante. Hasta determinada edad son nueve los componentes del equipo, desde los once años se reduce el número de jugadores a siete.
Agravante desde el punto de vista que se tiene más espacio, en general no se aprovecha y no se enseña expresamente para cuando ello ocurra. El chico se encuentra con menos compañeros y no con más espacio.
En las conclusiones estará el aporte social que realiza el fútbol de niños, pero es bueno apuntar que muy ligado a ello, está el hecho de que niños que no tienen mínimas habilidades juegan. Difícilmente se les diga que no tienen lugar en el equipo, el cual, como ya observamos, juega para ganar y no por competir. Lo más grave es que nada se dice generalmente, el chico sigue participando, aunque no recibe aportes que puedan de alguna forma mejorar sus limitadas condiciones. A grandes rasgos dimos un panorama del fútbol de chicos, si gustan comprobar algunos elementos aquí expresados, vaya el fin de semana a cualquier cancha y saque sus conclusiones. En la próxima, entraremos en la etapa del fútbol de juveniles, los cursos para entrenadores, sólo los diplomados y con contrato registrado pueden trabajar, gran conquista de Audef. Lo que no se comprende es que los cursos para nuevos entrenadores no sean dictados por técnicos de fútbol, tema que dará mucha tela para cortar y que estará en nuestra próxima entrega.
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