La Selección holandesa aclamada en Amsterdam
El técnico Bert van Marwijk y sus jugadores se instalaron a bordo de un barco decorado con flores naranjas que zarpó poco antes de las 15.00 locales (13.00 GMT, 10.00 horas de Uruguay), bajo los aplausos de la muchedumbre y el estruendo de las vuvuzelas. El desfile estaba previsto en principio sólo en caso de victoria.
«¡Segundos también es un buen resultado! Aunque no seamos campeones del mundo, decidimos organizar igualmente el desfile», explicó a la agencia AFP Hilde Bruggink, una portavoz de la federación holandesa de fútbol (KNVB). «Queremos que todo el mundo pueda disfrutar de los jugadores, verlos, saludarlos», añadió la portavoz. Más de medio millón de personas, según la Policía, se concitaron a lo largo de los canales para rendir homenaje a sus jugadores.
«Nunca he visto al equipo holandés luchar hasta el final de esta manera. Los jugadores se merecen sin duda festejarlo en los canales aunque no hayan ganado», explicó Denney de Jonge, de 40 años. «El domingo, estábamos muy decepcionados. Es normal, pero ahora estamos muy orgullosos: segundos del mundo, cuando lo piensas bien, no está nada mal», aseguró Nico Bakker, de 23 años, con las mejillas pintadas de los colores rojo, blanco y azul, de la bandera de Holanda.
El barco que transportaba a los subcampeones del mundo fue seguido por decenas de embarcaciones, repletas de seguidores que saludaban a sus ídolos y gritaban de alegría. «Gracias chicos», rezaba una pancarta colocada en una fachada al borde del canal. Otras personas no dudaron en lanzarse al agua o subirse a las farolas.
«Una fiesta como ésta nos ayuda a digerir la decepción del domingo», afirmó Stefan Bons, de 25 años, que llevaba una camiseta de color naranja y la melena y la cola de un león. «No sabemos cuándo Holanda volverá a jugar una final de un Mundial, por lo que se aprovecha al máximo», añadió.
Tras el desfile de siete kilómetros, los jugadores se instalaron en un escenario de la plaza Museumplein, delante del Rijksmuseum, el mismo lugar donde el domingo se reunieron 180.000 personas para ver la final en una pantalla gigante. Unos 1.800 policías movilizados para el evento y se instalaron pantallas en cinco puntos de la ciudad. Los jugadores holandeses, que llegaron el lunes a su país desde Sudáfrica, fueron recibidos este martes por la mañana en la Haya por el primer ministro Jan Peter Balkenende, «orgulloso» de su actuación, y por la reina Beatriz.
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