MUNDIAL. TODO UN PUEBLO VIVIO UN MES CON LA SONRISA A FLOR DE LABIOS ANTE LA PERFORMANCE CELESTE

Tres millones de gracias

Uruguay se quedó con las ganas de subir al podio de Sudáfrica 2010 al caer frente a los alemanes y quedar ubicados en el cuarto puesto de la decimovena Copa del Mundo, volviendo a un lugar que no ocupaba desde hace cuarenta años, cuando el evento se disputó en Méjico 1970.

Pese a las dos derrotas consecutivas que le impidieron colarse entre los medallistas, la campaña de la selección compatriota llenó de felicidad a tres millones de compatriotas, quienes desde su lugar alentaron al equipo dirigido por «El Maestro» Tabárez en su camino mundialista.

Uno de los hechos más destacados de la producción celeste está relacionado con la forma en que cayó el equipo cuando le tocó perder en los últimos dos juegos. La llama de la rebeldía que se había encendido frente a Ghana con aquel fantástico final en el que la inspiración de Suárez le otorgó crédito a los celestes al desperdiciar Gyan el penal, que se mantuvo viva gracias a la notable intervención de Muslera en la definición y a la mágica aparición del «Loco» Abreu para «picar» su remate, flameó hasta el último instante.

Tanto en la semifinal contra Holanda como ayer frente a Alemania, Uruguay se fue abajo en el marcador pero terminó encerrando contra su arco a los rivales, que pidieron la hora en forma angustiosa: ante los naranjas el empate estuvo a punto de caer, mientras a los germanos los terminó salvando el horizontal, que esta vez no estuvo de nuestro lado como en oportunidades anteriores.

Pero el cuarto puesto logrado de todos modos es una espléndida ubicación. La mejor de los últimos tiempos, sin dudas, ya que a las frías estadísticas que recuerdan haber logrado la misma ubicación en 1970 debe sumársele una serie de consideraciones, entre ellas la cantidad de países que juegan la fase final de los Mundiales últimamente, la complicación que ha surgido del cambio de régimen en las Eliminatorias, además de los fenómenos económicos, financieros y relacionados al marketing que conspiran contra un país de apenas tres millones de habitantes.

Una vez más, como había sucedido en los cotejos anteriores, una pantalla gigante se instaló en la Plaza Independencia para que miles de compatriotas observaran allí el cotejo y se convirtieran en el punto de reunión más importante de los orientales. Nuevamente, bares, restoranes, cantinas, clubes, fueron también centro de reunión para los corazones celestes.

La representación gubernamental que asumió la costumbre de desplazarse a diferentes puntos de la ciudad para mirar los encuentros traspasó en esta oportunidad los límites departamentales y se presentó en el Club City Park, en la zona de la Costa de Oro: una vez más, los ministros Eduardo Bonomi, Héctor Lezcano y el subsecretario Jorge Vásquez acudieron a la cita, que esta vez no contó con el presidente de la República, José «Pepe» Mujica.

Varios de los titulares alemanes no saltaron al campo para enfrentar a los celestes: el portero Neuer, los delanteros Lucas Podolski y Miroslav Klose, el lateral y capitán Lahm y Weiss; estos dos últimos fueron los únicos que en la lista entregada por FIFA aparecieron como «no disponibles», condición que también reunía nuestro compatriota Nicolás Lodeiro (tiene para un mes más de yeso todavía por la fractura del quinto metatarsiano del pie derecho). En el caso de Klose, su ausencia le impidió conseguir el logro personal que tanto ansiaba, alcanzar al brasileño Ronaldo en la cúspide de la lista de futbolistas que mayor cantidad de goles anotaron en Copas del Mundo, pues el alemán quedó a un tanto.

Uno de los hechos curiosos del cotejo en el que se dilucidó el tercer puesto fue la aparición de la selección compatriota utilizando una vestimenta totalmente inédita en la historia, luciendo vestido de color celeste en forma íntegra, sumando pantalón y medias al tono de la tradicional camiseta. El único antecedente recordable algo similar se encuentra en la indumentaria utilizada para jugar la última Copa América ganada por Uruguay, jugada en nuestro país en 1995.

En esa ocasión, los dirigidos por Héctor «Pichón» Núñez vistieron pantalón azul para acompañar a la camiseta y medias color cielo, modelo que repitieron varias veces en las Eliminatorias que se jugaron por esos tiempos.

Los hinchas sudafricanos presentes en el Nelson Mandela Bay volvieron a mostrarse contrarios a la selección celeste, apoyando decididamente a los europeos y fundamentalmente abucheando en forma ostensible al salteño Luis Suárez cada vez que tomaba la pelota. En un estadio que tuvo una excelente presencia de parciales charrúas ­casi colmaron el primer anillo en forma íntegra- los locales no pudieron olvidar la condición de verdugo de los equipos africanos de Uruguay, que además de eliminar al anfitrión luego dejaron por el camino a Ghana, el último de los equipos del continente negro que quedaba en pie.

Otro de los hechos curiosos de este Mundial que pudimos apreciar los uruguayos refiere a dos rivales que hemos tenido en los cotejos de eliminación directa, en los que ­curiosamente- los futbolistas celestes tuvieron que enfrentar a una pareja de hermanos, los Boateng, Derek y Jerome. Lo curioso del caso es que ambos juegan en selecciones diferentes que incluso se enfrentaron en la fase de grupos: de origen ghanés, uno juega en su país natal y el otro adoptó la nacionalidad alemana, ocupando el lateral en la víspera.

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