EN SUS MANOS HAY PARTE DE ESTE CAMPAÑA

MUSLERA: EL ARQUERO QUE DOMESTICO LA "JABULANI"

Los dedos de las manos sobran para contar los arqueros que, como el uruguayo Fernando Muslera, domesticaron en el Mundial de Sudáfrica al balón Jabulani, peligroso como una fiera en un safari.

La pelota de la Copa del Mundo pareció no tener secretos para este guardameta que hoy jugará su último partido en Sudáfrica-2010, en busca de capturar el bronce del tercer lugar ante Alemania en Port Elizabeth.

El joven cuidapalos de 24 años tuvo una actuación que sin llegar a ser consagratoria, lo puso en el candelero al batir un récord y atajar penales, mientras que colegas suyos no han parado de quejarse de los caprichos de un balón hecho para hacerles la vida imposible.

Sus hazañas lo ponen en pie de igualdad con el español Iker Casillas, el alemán Manuel Neuer o el holandés Maarten Stekelenburg como mejor guardián de la Copa, distinción que conocerá al vencedor muy pronto.

Su marca personal de valla imbatida de escuadras uruguayas en Mundiales la estableció el día en que el surcoreano Lee Chung Yong anotó el empate parcial en el partido que después perdieron los asiáticos 2-1 en los octavos de final.

El récord estaba en poder de uno de los mejores arqueros uruguayos de todos los tiempos, tal vez el más grande, Ladislao Mazurkiewicz, en el Mundial de México-1970, con 269 minutos.

Muslera, nacido en Buenos Aires de padres uruguayos que después lo llevaron de niño a su país, estableció una nueva estadística, con 337 minutos sin ir a buscar la pelota al fondo del arco, hasta el gol de Lee Chung Yong.

Incluso esa conquista fue producida por un error de cálculo suyo en la salida, al cortar un balón aéreo, pero si los arqueros no se equivocaran a menudo dejarían de existir los goles o serían tan esporádicos que se perdería la esencia del fútbol.

«Sí, es una pelota que viene en el aire. Fue una jugada muy rápida. Uno la ve y por la desesperación de tratar de corregir ese error, sale y no sabe lo que puede pasar, obviamente el que no se equivoca es el que no hace nada», reflexionó Muslera.

El guardameta del Lazio de Italia había logrado mantenerse invicto con un empate sin goles ante Francia, un 3-0 la noche del ‘Pretoriazo’ ante Sudáfrica en la capital administrativa del país y con el 1-0 frente a México.

«Antes del partido no sabía nada sinceramente, obviamente estar a la altura de lo que es Mazurkiewicz es un orgullo, no es un orgullo solamente, seguir manteniendo el cero en nuestro arco es un espectáculo», había señalado el jugador.

A pesar de haber domado ‘al animal’ esférico, que no dobla, que cae de pronto y que zigzaguea en el aire, también se sumó al coro de los que criticaron a esta bautizada como «pelota de supermercado».

«Se mueve mucho cuando viene por aire. A los arqueros se le hace difícil», sentenció.

Pero Muslera la dominó, como cuando le detuvo dos tiros penales en el desempate contra Ghana a John Mensah y a Dominic Adiyiah, luego de haber visto un vídeo que le mostró Diego Forlán sobre cómo pateaban los hombres de las Estrellas Negras.

Aquella noche, el joven ‘babyface’, de rostro aniñado, cumplió el ritual también, como buen arquero que se precie, de agradecer a los duendes de la fortuna, en este caso el travesaño, donde pegó el tiro penal de Asamoah Gyan sobre la hora en dramático encuentro de cuartos de final. El arquerito reveló haberle agradecido al larguero y haber sentido ganas de «besarlo y abrazarlo», lo que se vio claramente en la cancha cuando dos veces saltó para tocarlo como si fuera un ícono sagrado.

En realidad, los palos no evitan goles, como se suele decir en una metáfora poco feliz, porque los hierros están afuera, enmarcando, y no adentro, moviéndose dentro del perímetro.

A Muslera no lo ayudó duende alguno, sino su capacidad para atajar y domesticar al esquivo Jabulani.

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