"Apeligramos" a ganar
Si usted maneja un auto y teme tener un accidente recurre a una compañía de seguros. La misma cubre sus riesgos. Si a usted lo lastiman, si dañan su vehículo, si se destruye el móvil que le colisiona, si resulta herido el conductor del chocado o un tercero, la aseguradora cubre el monto del daño. Si usted importa un producto, la empresa aseguradora le cubre los daños, el riesgo de extravío, los accidentes en el flete. Si usted cultiva uvas, el seguro lo protege del riesgo climático, si usted viaja, el seguro le cubre el riesgo de la enfermedad o el accidente, el médico se asegura el riesgo del juicio por mala praxis. Hay seguros contra el riesgo del robo, del accidente, de la muerte, de la invalidez, del incendio…
Cuando usted compra un número de lotería no puede asegurarse contra el riesgo de no sacar la grande, por más que usted sea hermoso, viril y atractivo no puede asegurarse del riesgo de no enamorar a Sharon Stone, ni Bengochea o Chilavert pueden asegurarse un gol de pelota quieta.
Es que el éxito no puede asegurarse, sólo puede asegurarse el riesgo del fracaso. Esto es lo que significa riesgo, un peligro, la contingencia de un fracaso.
Así es la vida ante una apuesta: puedo cubrirme de la pérdida pero no asegurarme la ganancia. Para la ilusión, la esperanza, la utopía no hay póliza. En las apuestas fuertes la ley es todo o nada.
La Asociación Uruguaya de Fútbol ha resuelto apostar fuerte a su clasificación para la próxima Copa Mundial de 2002, que se jugará en Japón y Corea simultáneamente. El éxito, sin embargo, le traerá aparejada una gigantesca erogación que asciende a tres millones de dólares entre premios a jugadores y técnicos.
Y aunque esto nos podría alegrar sobremanera –puesto que ya hace unos largos ocho añitos que de Mundial no tenemos nada– sería casi el suicidio económico para nuestra Casa Mayor del Fútbol.
La paradoja es que la contrapartida del éxito deportivo es la tragedia económica y el punto nos aproxima al concepto de crisis. Crisis, nos dicen, se escribe en chino con dos caracteres: uno significa peligro y el otro, oportunidad.
La AUF ha resuelto contratar un seguro, pero lo paradójico es que no es un seguro por si pierde –que en definitiva es lo más probable pero no por ello tan deseable y seguramente no muchas compañías se atreverían a solventar el seguro gasto– sino que se asegurará por si gana. El riesgo es ganar, porque si perdemos, al fin y al cabo, todo seguirá como hasta ahora. «Apeligramos» de ganar, como dijo el paisano. La compañía nos asegura contra el riesgo del éxito, o mejor aún contra el riesgo de la crisis y la crisis se producirá si ganamos. Porque en este fútbol uruguayo en donde todo está vendido de antemano y por diez años, si clasificamos, y aun si somos campeones mundiales, ganará la banca, que es quien posee los derechos de televisión, la estática, los jugadores, las camisetas y hasta los clubes; y perderá el fútbol, que para sobrevivir necesitará un seguro contra tragedias.
La cola del duende de las imprentas hizo que la información de LA REPUBLICA afirmara que la prima por el seguro de 3.000.000 de dólares asciende a la irrisoria suma de 470 dólares. Pero no se angustie, tenemos que pagar de prima 470.000 dólares, lo que es caro y dejará las arcas vacías pero nos regocija porque todavía se puede creer en nosotros.
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