Por una cabeza
Algo está cambiando las relaciones de fuerzas en el fútbol internacional, al menos desde el punto de vista estadístico. Por primera vez en las 19 ediciones del mundial de fútbol, no llega a la final ninguno de los 4 equipos que hasta aquí siempre desembocaron en esta instancia definitoria: Alemania, Argentina, Brasil e Italia.
Los otros tres equipos que ganaron la copa, Francia, Inglaterra y Uruguay (doblemente), se enfrentaron con Argentina, Alemania y Brasil. Pero de Sudáfrica saldrá un nuevo campeón. Holanda estuvo cerca dos veces, pero se vio frustrada en el ’74 y ’78 por Alemania y Argentina respectivamente, mientras que para España será su primera cita. Pero no será la primera vez que el campeón resulte un equipo pobre y mediocre (aunque nunca tan mezquino como la última Italia campeona) aplicado y sólido defensivamente aunque escaso de juego, de talento y potencia ofensiva. Este ha sido un mundial de grandes contrapuntos y de resultados paradojales, que castigó varias regularidades, arrodilló a algunos gigantes y consagró a especuladores. Aunque se valore la democratización a través de nuevos actores, no se están consagrando nuevos lenguajes futbolísticos, nuevas habilidades ni esquemas de juego. Se está ratificando la tendencia al juego defensivo y bloqueante que ha caracterizado a los mundiales de este siglo, incluyendo al Brasil campeón en Asia.
Probablemente piense el lector que este balance no hace justicia con el nivel de juego ibérico, que resultó un justo finalista respecto a los aplicados teutones. Pero sólo si se analiza el último partido. Globalmente, considerando los 6 partidos disputados por España, no hay mayores motivos de admiración. Ayer hubo un duelo de perdedores. Las dos selecciones habían sido derrotadas en la fase de grupos. Pero en el caso de España, aunque no mereció la derrota a manos de los tibios y disciplinados suizos, se vio ampliamente superado por Chile en aquel segundo tiempo. Ganó su grupo igualando en puntos y por sólo un gol de diferencia. En la primera fase, sólo ganó merecidamente ante la debilidad de Honduras. Muy poco para aspirar a ganar una copa. No olvidemos que luego pasó a Portugal con lo mínimo ayudado por la abulia de sus vecinos y posteriormente se vio totalmente ahogado por Paraguay ganando en los últimos minutos. A todos les ganó por un solo gol de diferencia y siempre con mínimo merecimiento en el juego. Contra Alemania fue indudablemente su mejor performance. Pero no encuentro muchos más méritos que el de la paciencia y la perseverancia en la búsqueda de los partidos. No es poco para la indigencia e irregularidad que ha sido el común denominador del campeonato. Al otro finalista ya lo vimos metido dentro de su arco y pidiendo la hora.
Cuando todo hacía prever una consolidación alemana por su desempeño posterior a la irregular primera fase, sobre todo por el gran nivel de juego con goleadas incluidas ante Inglaterra y Argentina, otra vez los sajones se mostraron impotentes y tibios. Probablemente porque esta vez no se les regaló nada como en las ocasiones previas, porque no estuvo en ventaja de entrada para explotar luego el contragolpe con espacios, o por simple ausencia de convicción. Mucho más que España justo ganador, fue Alemania un justo perdedor.
España inició con el dominio de la pelota y la mitad de la cancha. A los 6′ se encontró con una leve oportunidad en una pelota que parecía sencilla para el arquero pero que se complicó con la aparición de Villa. No obstante, tapó Neuer sin problemas. Casi la única situación de verdadero peligro se dio a los 13′ cuando jugó corto Iniesta la salida de un córner para finalmente enviar un centro que cabecea Puyol en muy buena posición, pero la pelota se fue muy por arriba del travesaño. No es casual que, sobre el final del partido, el gol llegara por la misma vía y con el mismo actor. Todo lo que hizo Alemania llegó por un remate de Trochowski, que sacó al corner Casillas en el 31′. No fue penal a Özyl la jugada del último minuto. La emoción la puso el fixture al recordarnos que la instancia era semifinal. De lo contrario sería uno más de los muchos partidos para el aburrimiento. Dos mínimas situaciones de gol, una para cada uno en todo un tiempo de juego. El balance de ese tiempo es parejo. Mejor España con la pelota y el dominio posicional pero prácticamente ninguna situación de peligro real.
El segundo tiempo sólo incrementó en algo la tendencia del primero, con una leve inclinación a favor de España. En primer lugar porque comenzó a buscar con remates desde afuera del área ante su imposibilidad de entrar tocando o bien con centros, como a los 3′ y 4′, en dos jugadas casi idénticas. En la primera hubo una buena maniobra de Pedro por la derecha en la que la pelota le quedó a Xabi Alonso, que remató desviado, por poco. En la segunda, ni siquiera la buena jugada. A los 9′ fue Villa el que le pegó desviado. La salida parecía ser el tiro al muñeco. La única situación de verdadero peligro del partido se dio a los 12′ cuando Neuer sacó un remate desde afuera e inmediatamente después Iniesta se metió hasta el fondo y mandó un centro que cruzó toda el área pero no llegó Villa para empujar. Todo era de España, a través de remates y actitud, aunque con muy poco hasta el 23′, donde Casillas salvó a España de la derrota. El ingresado Kroos remató sorpresivamente desde la derecha y el arquero tapó con excelencia. Pero fue la única chance teutona verdaderamente peligrosa.
España terminó ganando el partido al mejor estilo alemán. Por un lado porque llegó con un gol de pelota parada y de cabeza. Por otro porque luego fue asustando a Alemania de contragolpe y por último porque se le dio lo que Alemania esperó siempre en cada partido del mundial: el error grosero del rival y en lo posible de pelota parada. Alemania marcó en zona en un córner. En el fútbol actual, es la única jugada que no se marca jamás en zona, sino siempre hombre a hombre. A la vez, los tiros de esquina España los ejecutó siempre cortos, rearmando la jugada de centro por sorpresa como con el cabezazo de Puyol en el primer tiempo, que resultó su única aproximación seria. Ni siquiera los defensores tuvieron la precaución de ayudar al golero que fue molestado por Villa, sacándoselo. A partir de allí sólo hubo desesperación alemana y contragolpes increíblemente desperdiciados al límite de lo indecible, como el de Pedro en el ’36 que hubiera merecido su sustitución por egoísmo psiquiátrico crónico. El arbitraje del húngaro Kassai resultó impecable, no sólo porque controló por completo el partido sino además porque tuvo el mérito de evitar cortarlo innecesariamente. Dejó jugar para dinamizar el espectáculo. Los que fallaron fueron los protagonistas. ¿Cuál de las caras esquizoides alemanas enfrentará Uruguay el sábado? Difícil saberlo hasta entonces. Pero habrá que planificar el partido estudiando tanto su ocaso como su apogeo. Afortundamente Tabárez no sólo es más sólido que Maradona declarando ante la prensa, sino analizando, trabajando y, fundamentalmente, dirigiendo. No es poca la diferencia y los resultados están a la vista.
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