EL LIBRO DEL PICAFLOR

–Troquílido, me dijeron que en la Asociación ayer de tarde, su columna se vendía como pan caliente. Todo el mundo quería leer sus chimentos.

— ¿No me diga? Los amigos son así; no aflojan ni abajo del agua…

–Pero había gente que se acordó de su madre varias veces.

–Ladran, Sancho. Usted es más ingenuo que bebe recién nacido. Hay gente que acusa el golpe y cuando El Picaflor publica algo que afecta sus intereses, lo primero que hacen es hablar en su contra. Son las reglas de juego, por eso el Troquílido no gasta pólvora en chimangos.

— ¿Pasó algo bueno en la Asociación?

— Siempre «pasa» algo trascendente en la calle Guayabo. Por ejemplo, por más de una hora, estuvieron reunidos a puertas cerradas, el presidente Figueredo, el neutral Pastorini y el funcionario de Tenfield S.A. Edward Yern.

–¿Qué andaba haciendo el «Vela»?

— Mire, El Picaflor estuvo investigando el tema y no pudo llegar a buen puerto. En la agenda del presidente de ayer la entrevista no estaba pactada por lo que debe haber surgido algún inconveniente imprevisto que motivó el encuentro. Según le comentaron los informantes que el Troquílido tiene en la calle Divina Comedia, en Carrasco, el Tano Gutiérrez en este momento está en Miami, de vacaciones con su familia; Francescoli nunca le ha dado pelota a la empresa; el Zar está en el exterior, lo que ha determinado que Tenfield S.A., esté en las manos del Vela Yern por unos días. Ergo, su entrevista con los neutrales fue en representación del directorio y algún tema gordo deben de haber tratado. Quédese tranquilo que El Picaflor va a seguir de cerca el tema porque olfatea que algo groso ocurrió para que la entrevista se realizara sin agenda previa.

–¿Su amigo Figueredo no le comentó nada?

–No, el presidente luego de la entrevista con el cuñado de Francescoli, salió presuroso porque iba al velatorio de la suegra del contador Ricardo Rodríguez que falleció en la víspera. En la puerta estuvo charlando informalmente con los integrantes del Tribunal de Penas, los doctores Grieco y Vomero, los contadores Mordeski y Algorta y el escribano Elder Améndola y se retiró presuroso en su Peugeot 605, sin atender a la prensa.

–¿El presidente no le dio pelota?

–No diga pavadas. Figueredo estaba apurado, se excusó porque quería ir a cumplir con su amigo Rodríguez y El Picaflor no quiso interceptarlo porque no se daban las condiciones para hilvanar una conversación fructífera. Por su parte el doctor Pastorini, que se retiró con una botella de tinto que le obsequiaron de una bodega ubicada en su departamento natal, relativizó la situación y comentó que no había novedades que pudieran satisfacer la ansiedad de los pocos periodistas que diariamente concurren a la Asociación.

— ¿De la selección trucha de Hungría nadie le comentó nada? ¿La AUF no piensa demandar a la Federación húngara por su mala acción?

— En absoluto. Antes de meter la pata, El Picaflor le quiere advertir que a la selección de Hungría la trajo un contratista por lo tanto, en el hipotético caso que los neutrales decidieran iniciar una acción contra la «estafa» que fue objeto la AUF, tendría que ser contra ese empresario y no contra la Federación. No esté maquinando hacer tormentas con matracas, inventando demandas contra los húngaros truchos porque a nadie le ha pasado por la mente semejante cosa. Según le comentaron al Troquílido, nadie quiere levantar polvareda porque están especulando que los bolivianos, en vez de venir con el equipo A el 29, traen a los suplentes y la selección de Passarella, tiene la suerte de debutar con una victoria.

–Qué tanta falta nos hace, plumífero.

— Andaaá.

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