MEJORAR EL PASO PARA ARRIBAR AL FINAL DEL CAMINO

Ya los tres sudamericanos que habíamos previstos están instalados en cuartos de final. Esperamos para hoy el «cuarto en cuartos» con la victoria de Paraguay sobre su rival asiático. Casi con seguridad, los cuatro semifinalistas podrán ser exclusivamente sudamericanos y europeos. Pero para que la proporción de nuestro fútbol sea mayor, tres selecciones tendrán que mejorar significativamente, Argentina, Paraguay y Uruguay. De los últimos tuvimos ocasión de opinar. Aparentemente Brasil puede seguir tal como viene. Es momento de comentar el justo pasaje argentino con su declinación en el último partido ante los aztecas.

Tomando de conjunto toda la fase de grupos, Argentina fue el mejor de los 32 equipos participantes. No sólo por puntuación ideal (compartida con Holanda que no asusta a nadie hasta ahora, aun con Robben recuperado) sino por su nivel de juego y generación de volumen ofensivo. Tal vez podría habérsele reprochado algunas leves debilidades defensivas que fueron ampliamente compensadas con velocidad, dominio y capacidad tanto en el medio campo como en su ataque. Pero estas dos líneas sufrieron de repentina amnesia en octavos de final, magnificando de esta forma las dificultades defensivas. Insisto, no alcanza a cuestionar la legitimidad de la victoria, como tampoco el hecho de que su primer gol llegara por un grueso error de la terna arbitral encabezada por el italiano Roberto Rosetti, que desconoció una evidente posición adelantada.

Hay algo del orden del sistema de juego y del desempeño de algunas individualidades que parece haberse resentido. Particularmente Messi, que construyó la primera jugada ofensiva propia recién a los 46′ del segundo tiempo a fuerza de lucha donde se la llevó y sacó un zurdazo alto que el arquero Pérez, con esfuerzo, desvió al córner. La posesión del balón, característica notable de los albicelestes, apenas si pudo llegar algo sobre el final del partido, con los ingresos de Verón y Pastore. Aún así, la característica de su tratamiento fue la lentitud.

El que, contrariamente a lo esperado, comenzó generando peligro fue México. A los 7′ con Salcido cuando le pegó desde lejos, con derecha, aunque al medio del arco. El golero Romero erró en el cálculo y la pelota se estrelló en el travesaño. Un minuto más tarde hubo otra para los del norte con un centro picante de Guardado, que el Bofo Bautista no llegó a conectar. La pelota pasó muy cerca del segundo palo de Romero. El partido cambió, no obstante, con la sucesión de dos goles que les fueron concedidos a los argentinos. El primero por el árbitro luego de una jugada mal definida por Messi, ya que si la ponía en el arco vacío por arriba como seguramente fue su intención evitaba el cabezazo de Tévez en posición adelantada y hubiera sido gol legítimo. El segundo fue un regalo de la defensa mexicana cuando Higuaín aprovecha un error grosero de Osorio y queda cara a cara con el arquero Pérez, a quien deja en el camino con una gambeta de cancha de papi fútbol para luego definir con asombrosa serenidad. Fue algo similar al regalo que recibió Uruguay de parte de los coreanos. Parece ser este un mundial muy obsequioso. Mejoró un poco Argentina sobre el final del primer tiempo y el comienzo del segundo. En esos pocos minutos se pareció al Brasil que liquidó ayer a Chile. Fue contundente y llegó por méritos propios y sin obsequios. A los 41′ se acercó con un centro perfecto de Otamendi para Higuaín, quien quedó solo pero cabeceó mal. O a los 6′ del segundo tiempo en que se consuma el golazo de Tévez desde 30 metros, con un disparo al ángulo superior derecho. Cuando todo insinuaba que Argentina tenía el partido terminado con todo un tiempo por delante y goleando, pareció sufrir un síndrome de ausencia de convicción como el que padeció Uruguay por momentos ante Corea. Porque a partir de los 15´del segundo tiempo, en vez de mover la pelota, de tocar y de desplegarse con ella por el campo, se refugió atrás. A los 15′ del segundo tiempo Salcido exigió a Romero con un remate desde lejos. El arquero argentino logró enviarla al córner. Tres minutos más tarde fue un cabezazo de Javier Hernández que pasó cerca. El descuento estaba al llegar porque si algo faltaba, para mal de los rioplatenses, era la defección en defensa. Javier Hernández recibió de espaldas, giró ante la lentitud de Demichelis y definió con un zurdazo alto frente a Romero.

Como insinuaba, varios factores que no habían aparecido en los tres primeros compromisos se combinaron en la última participación para dar esta resultante de preocupante declinación. El primero es de inéditas dificultades para recuperar la pelota. No es algo que se le pueda atribuir exclusivamente a Mascherano. Es del conjunto del mediocampo. De quienes lo acompañan a sus lados, Di María y Maxi Rodríguez y sobre todo de Messi, ya que quedó muy retrasado en su posición. El segundo es la salida desde atrás por ambos laterales. Ni Heinze ni Otamendi son verdaderos marcadores laterales sino centrales perfilados. Messi está acostumbrado a moverse en los últimos metros en el Barcelona en el que efectivamente brilla y desnivela. Allí estuvo sobre todo en los dos primeros partidos con Tévez más atrasado. Haber adelantado a Tévez y retrasado a la «Pulga», explica en parte que no haya podido pesar en ofensiva, salvo en la jugada citada del final y, no casualmente, cuando se reforzó el medio con Verón y Pastore de forma tal que pudo liberarse para jugar en ataque.

Se impone entonces algún cambio en dos de las líneas. En defensa y en el medio. Hay alternativas para ello. En la última línea varios pueden reemplazar a Demichelis. Además de Samuel, si estuviera recuperado, están los laterales Otamendi y Heinze que bien pueden ocupar el rol de segundo marcador central, mientras Clemente Rodríguez (que tiene mejor salida, velocidad y dominio del balón) puede ubicarse por cualquiera de los laterales. En el medio, Di María no ha ofrecido opciones de juego a pesar de su indiscutible sacrificio y Verón puede ayudar al lado de Mascherano en cualquiera de los costados. Pastore, con menos capacidad de quite y recuperación, es la mejor opción creativa para acompañar a Messi. ¿Muy ofensivo? Tal vez, pero hay suficientes pruebas empíricas de que Tévez se puede desempeñar por el medio en un ida y vuelta más agresivo tanto en ataque como en recuperación. Argentina es el que tiene el compromiso más difícil por delante. Descuento la desembocadura de Brasil y Uruguay hasta que deban enfrentarse en semifinales. Alemania tuvo una trayectoria sinuosa. Fue una máquina frente a Australia para decaer como lo consignamos en nuestro artículo «El nuevo hundimiento del Graf Spee y otros mitos», para luego resurgir ante Inglaterra. No es imposible doblegarlo, pero es de lo más sólido justo en momentos en que Argentina tiene algunas dudas y mostró limitaciones. Llega con ausencias como la de Michael Ballack, del Chelsea, lesionado casualmente por un futuro rival uruguayo, el ghanés Kevin-Prince Boateng. Algo similar le pasó a su alternativa, Cristian Träsch. Compensa bajas de hábiles y experimentados configurando un equipo veloz, joven y físicamente muy fuerte. Bastian Shweinsteiger es muy sólido y Özil y Müller llegan al gol además de generar juego. También Lukas Podolski entre los mediocampistas. El único delantero real, Miroslav Klöse, aporta experiencia y peligro permanente. De hecho fue el verdugo de Argentina en los cuartos de final de Alemania 2006 al lograr el empate que permitió sacarla por penales. El equipo de Joachim Löw pasa de la solidez defensiva a la contundencia ofensiva con muy pocos toques y pases en profundidad. Se imponen algunos cambios. En algún que otro nombre pero sobre todo en la recuperación de algo más importante aún que la pelota: la convicción.

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