G 8

Los rioplatenses ya superaron al 75% de los participantes del Mundial, que a su vez son una pequeña proporción de los aspirantes a disputar la copa. De los 32 originales quedarán 8, entre los que están Argentina y Uruguay. Otro sudamericano (Brasil o Chile) estará también a la par que 3 europeos: Alemania y 2 más. No es imposible que Paraguay también se sume a este octeto, que en ese caso quedará configurado por 4 sudamericanos, 3 europeos y 1 africano. En el peor de los casos serán 3 los sudamericanos, a quienes se sumará 1 asiático. Ratifica el optimismo ante esta marca histórica, inédita para nuestro fútbol subcontinental. Cada uno de los rioplatenses superó algún récord del mundial de Italia ’90, luego de 20 años. A Uruguay le tocó otra vez ante Corea, bajo la dirección de Tabárez, desde aquel gol de Fonseca. A Argentina, lograr escalar en la etapa eliminatoria en 90 minutos.

De todas formas, ninguno de los dos jugó realmente bien. Por el contrario, sin dejar de reconocer el logro de objetivos y el gran alcance estadístico, estuvieron muy por debajo de sus posibilidades y deberán mejorar bastante para encarar con chance a los rivales de cuartos de final. Sobre todo Argentina que enfrentará a una joven y poderosa Alemania. Ambos recibieron regalos insospechados que fueron determinantes en los triunfos. Si sufrieron fue por sus propias inseguridades, que deberán ser superadas.

Tratemos hoy a Uruguay dejando para mañana a los argentinos. En el decisivo instante tempranero, la celeste recibió un obsequio inigualable. No sólo por los errores increíbles de la defensa coreana sino por la pésima factura de ese ataque uruguayo que jamás podría haber terminado en gol sin un blooper. Comenzando por el mal pase de Cavani a Forlán. Le pegó con la cara externa del pié derecho justamente con intención de darle comba hacia adentro, ya que el rubio se perfilaba como 9 tirado hacia la izquierda insinuando entrar, pero el 7 la puso muy mal. Al punto que el 10 tuvo que salir del área e ir a buscarla casi sobre la línea lateral. Si bien se sacó de encima muy bien a un defensor que lo presionaba, su centro de rastrón fue fácil de cortar y previsible. Cruzó toda el área chica, que por definición es del golero, que en este caso no la tomó, ni tampoco se quedó a cubrir el arco o el primer palo. Quedó en consecuencia totalmente descolocado, al punto que Suárez hasta pudo darse el lujo de tirar solo al segundo palo para asegurarla, ya que le quedaba un ángulo algo cerrado. Hubo 6 defensores coreanos detrás de la línea de la pelota que sólo miraban. Impensable en una instancia eliminatoria de un mundial. No creo que obsequios de este tenor se vuelvan a repetir.

Sin embargo Uruguay hubiera merecido ponerse en ventaja en otra jugada, que también fue un regalo coreano, injustamente anulada por el árbitro. El ruso Pérez la robó en el círculo central y Suárez se fue solo. Estaba habilitado y arrancó con la pelota dominada y con su marcador a 10 metros atrás. Por la derecha venía Cavani totalmente libre y hasta Forlán acompañaba unos metros atrás, a la altura de los que comenzaban la persecución. Comparativamente, era mucho más difícil hacer el segundo gol que logró Suárez que convertir en esa jugada. Fue prácticamente un gol mal anulado.

La tercera jugada decisiva, el gol de Corea, llegó también por un error defensivo, aunque no tan grave. No hubiera sido preocupante si no fuera en parte producto del excesivo repliegue uruguayo y si el equipo oriental hubiera mostrado algo de sus anteriores presentaciones. Tanto Muslera como Lugano se frenaron o dudaron por la presencia del otro. No encararon decisivamente hacia la pelota luego del error de Victorino (que cabeceó hacia adentro en una suerte de segundo centro) a la par que tres defensores saltaron con el primer cabeceador, mientras Lugano quedaba solo contra dos rivales en el segundo palo.

Uruguay finalmente ganó bien, con lo justo. Pero sólo porque lo justificó con el juego esperable a partir de la igualdad coreana, que es como siempre debió haber jugado. Presionando con la pelota cerca del área contraria. Allí apareció el verdadero espíritu que se había ido forjando en los dos partidos anteriores. Garra con juego y disputa del balón. No sólo por la magistral pegada de Suárez a lo Francescoli, sino porque se le dieron dos circunstancias fundamentales. La primera fue el intento de rechazo de King que ayudó a acomodarla más lejos y darle más cómodo. La segunda fue una comba excepcional. Un recorrido lineal la hubiera hecho pasar a más de un metro del palo. Pero Lodeiro también fue clave al entregarla de cabeza y pasar por atrás arrastrando una marca.

En buena parte del encuentro con Corea, el fantasma de la ausencia de convicciones, de verdadera confianza, se apoderó incomprensiblemente del equipo. Algo así como el síndrome del partido con Francia sobre cuyo carácter titulé «Sólo garrita». Pero en este caso la razón no puede ser otra que psicológica, una vez hechas las correcciones en el esquema y con algunos cambios de jugadores, con el resultado posterior visible ante Sudáfrica y México. No minusvaloro a Corea que de sus 11 jugadores, tiene 7 en las ligas del exterior y sólo 4 en la propia. Tabárez cambió después del partido con Francia. De una línea de 3 centrales pasó a 4 con Maxi Pereira de lateral derecho. Intenté resaltar oportunamente que acertó además con el ingreso de Fucile, permitiéndole a Alvaro Pereira jugar mucho más adelante y explotar sus virtudes arriba. Para un mediocampista es muy importante saberse respaldado por un lateral (también hizo bien Maradona en la misma dirección, aunque inventó un lateral con Jonás Gutiérrez primero y con Otamendi en el último partido). Permitió además que el Ruso Pérez se junte más con Arévalo Ríos en una suerte de doble 5 y la inclusión de Cavani, que hace el desgaste de volver por la banda derecha para que Pérez no se desgaste cruzando hacia el costado.

Corea no mostró buen nivel de juego. Sólo correr y presionar. La mejor jugada colectiva seguramente haya sido la última, cuando el jugador del Manchester Park Ji Sung puso a un delantero ante Muslera que a la vez le dio suspenso al escapársele la pelota por debajo de su cuerpo y sacarla Lugano en la línea. Algunas individualidades deberán mejorar también. Suárez es indiscutible, no sólo por los 46 goles en el Ajax sino por los 3 en el mundial. Pero tiene que levantar la cabeza y mirar algo más que el arco. Para situarse él mismo en la cancha y ver la posición de sus compañeros. En el segundo tiempo fue evidente el egoísmo en una jugada por derecha que era para centro y no tiro al arco y más aún en un cabezazo entrando por izquierda, que si la pone en el medio encontraba a Lugano inmejorablemente ubicado para convertir.

Si el primer tiempo no fue muy bueno, en el segundo estuvo muy desconcentrado y peligrosamente acurrucado junto a Muslera. Ghana es lo mejor que le podría haber tocado porque a pesar de tener algunos jugadores hábiles, no es de lo más inquietante en ofensiva. Retomar la senda emprendida con Sudáfrica, presionando sobre la pelota y sobre el terreno contrario parece mejor camino que el sufrimiento del sábado. No cambia mi convicción de ver a la celeste en semifinales. Pero habrá que llegar por méritos propios sin esperar más regalos.

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