Dejame ser hincha…
Debería, tendría, por mi condición de periodista, en esta columna de opinión tratar de decirte a vos, y a muchos, lo que me pareció Uruguay en el partido con Corea del Sur. Cómo se paró en la cancha, recordarte las jugadas de riesgo, explicarte de acuerdo a mi condición de «crítico» esta victoria de «todos» frente a los orientales de allá, a los que ayer jugaron de blanco y que jamás pararon de correr, que esa conducta en el terreno de juego que los hace muy aplicados en todos los sectores hizo que por momentos perdiéramos el control del juego.
Nuevamente el palo estuvo pintado de celeste, que a pesar de ir ganando desde los 8 iniciales, fuimos mermando en nuestra producción y en el complemento la vimos muy fea cuando los de los ojos casi cerrados, no solamente jugaban mejor que nosotros sino que con justicia nos empataron, y que nuevamente el «conejito» Suárez la mandó a guardar en el momento justo. Cuando no sé si resistiríamos un alargue, por lo tanto que también corrimos a «ellos» y a la pelota, que fue el triunfo más difícil que obtuvimos en estos tres consecutivos que llevamos en el Mundial, que nos tiene, casi, como la revelación del torneo. Que la solidaridad de todos los que les tocaron entrar dejaron todo, hasta un poco más; que el propio clima de a poco se fue tiñendo de gris y que el color del cielo, solamente estuviera en esos 11 muchachos que lucharon más que nunca por conseguir éste pasaje a los octavos y en los 3 millones de uruguayos que palpitaron y sintieron el tremendo esfuerzo realizado por los orientales de «acá».
Dejame ser hincha sin el análisis, sin la postura del que tiene que analizar.
De determinar si es justo o no el resultado, que la posesión de la pelota fue de ellos; que nuestro Diego no estuvo a la altura de los otros partidos, que Cavani arrancó para matar y a pesar de correr mucho no logró el objetivo. Que el «Salta» se despachó con dos dianas que les permite a los dirigentes pensar en cuánta «guita» más nos entra en la vieja caja de la AUF, que a pesar que el «botija» Muslera perdió el invicto demostró en una atajada que el arco está bien cuidado, que el «monito» Pereira, aunque alguna vez tropezó, se fue con tanta furia arriba como la seriedad que pone en cada trancazo; que el «Capi», uno de los «bonitos» del cuadro, se hizo siempre respetar en nuestra área, que «el flaco» Godín, el del Villareal español, quiso jugar a pesar de la «nana» que lo sacó del otro partido y aguantó todo lo que pudo, poniendo vergüenza y su sello.
Por la izquierda anduvo, y muy bien, el que habla poco pero cada vez juega más, Fucille y lo acompañó como volante el de Punta de Rieles, «el palito» Pereira, con su peinado particular. Hoy quedándose más que en otros partidos, cumpliendo en lo suyo y quizás no tenga calificativos para esos dos «monstruos de la marca» que son Egidio y «el Ruso» Pérez, marcan, muerden, entregan, a veces no con tanta prolijidad deseada, pero en cada corrida, en cada recuperación de pelota lleva implícito el clásico sello del jugador uruguayo.
Y el Victorio, calladito, con su cara de serio y perita de galán, cuando lo llaman, levanta la mano, entra y cumple perfectamente.
Y el botija Lodeiro, que estuvo cabizbajo durante días por aquella expulsión, entró y demostró que a pesar de que estaban estos muchachos de ojos rasgados y no te dejaban pensar mucho, con su dinámica y su talento pudo aportar para esta victoria, soñada, anhelada y esperada para ya estar entre los 8 mejores del mundo.
Y dejé para el final al casi imperturbable Tabárez, el técnico responsable de todo esto, que siempre, como debe ser, y por su condición natural de ser un hombre estudioso, respetó y respeta a todos, no importa el nombre o lugar de donde provengan.
El sabe que hoy ya no hay rivales, que se les gana solamente diciendo «somos Uruguay» y estudió y planificó éste partido como si fuera una final, como lo serán todos los que de aquí en más juguemos.
Dejame ser hincha, gritar como vos, levantar los brazos con los puños crispados mirando el cielo en un claro gesto de desafío imaginario al que vendrá, que mis ojos se humedezcan con la emoción del grito guerrero e inigualable que solo los que vivimos en ésta parte del mundo lo conocemos, dejame explotar en ese insulto sin ofensa por el penal no cobrado, dejame ponerme un traje que hace tiempo había dejado pero que jamás pensé que volvería a ponérmelo. Ese traje que a vos te queda a la perfección, porque no te importa otra cosa que tu equipo, el nuestro, el de todos, que gane, porque vos sos el hincha, por eso, te pido esta, por un rato… dejame ser igual a vos. Dejame ser hincha.
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