El nuevo hundimiento del Graf Spee y otros mitos
Las expectativas y elogios que había generado Alemania en su primera presentación naufragaron a causa de sus propias erradas decisiones, y de su desesperación e inexplicable desorden. Al igual que el Graf Spee, tuvo su propio Hans Langsdorff, un capitán de navío que erró estrategias y terminó encerrado hasta autodestruirse. Pero comencemos por mensurar la naturaleza específica de esas limitaciones. En primer lugar, Alemania mereció ganar. En ningún caso perder, aunque no le sobró mucho. También España, por ejemplo, con idéntico resultado. Estas derrotas derriban mitos de invencibilidad, pero no necesariamente demuelen edificios. No deja de ser un problema serio no poder ganar existiendo merecimientos, aunque sería mucho más grave merecer la derrota, verse superado o no generar suficientes situaciones de gol o volumen de juego y control.
Alemania repitió exactamente la misma formación con la que goleó a Australia y el mismo posicionamiento en el campo. Una línea de cuatro sólida en el fondo (Lahm en derecha, Friederich y Mertesacker de centrales, y Badstuber por izquierda) un doble cinco en el medio (Khedira y Sshweinsteiger) acompañada por dos carrileros con capacidad ofensiva (Podolsky y Müler) y arriba con un mediapunta o enganche como Ösyl y un delantero de área como Klose. Algo que podríamos dibujar como 4-2-2-1-1, o según los momentos 4-2-3-1.
Y no pasó por angustias, si bien le faltó la contundencia que había exhibido en su primera presentación. Estuvo sobrio y ordenado. Fue tibio adelante aunque seguro atrás. Por el contrario, Serbia no hizo nada, hasta que insólitamente encontró la llave mágica en la estúpida expulsión de Klose por una falta intrascendente en la mitad de la cancha, sumando una nueva amarilla a otra, por igualmente tonta infracción. El árbitro español tuvo una severidad y desmesura evidente. Pero ante esto Serbia se encendió repentinamente como una bengala y no sólo llegó al gol ejecutando la falta de Klose sino que lo hizo con una de las mejores jugadas colectivas del mundial, plagada de pases y buena rotación. Pudo empatar Alemania con un bombazo que dio en el travesaño y picó cerca de la línea, aunque fue muy poco para sus insinuaciones previas y capacidad.
Inversamente a la continuidad germana, Serbia armó un esquema más defensivo aún que el que presentó ante Ghana. Sacó un delantero y sumó un mediocampista actuando como si fuera un líbero entre los cuatro defensores y los cuatro mediocampistas, dejando en consecuencia un solo delantero. Es obvio que ante algo tan tímido y acorazado, a Alemania le sobraban resguardos defensivos, sin que esto excuse su tibieza adelante y la escasez de peligro generado. Y no tuvo mala suerte. Al contrario, hasta recibió un obsequio: el mismo y en las mismas circunstancias que en la primera presentación los serbios le hicieron a Ghana: un penal infantil.
Ni eso pudo meter Alemania con Podolsky y pudo recibir algún gol más con una pelota en el palo y otra en el travesaño porque además empezó a perder todo orden y confianza. Dos cambios inexplicables (Cacau y Marin por Ösyl y Müler) y la reconfiguración para dejar a dos solos en el fondo y amontonar gente adelante, con un defensor central como 9 (Mertesacker) y la desorientación plena instituida. Un fracaso inexplicable en la generación de fútbol, aunque no por esta experiencia debiera darse por vencida a esta Selección. Además del verdadero concierto de la primera presentación, ayer mostró rasgos de su potencia y posibilidades, que fue perdiendo por sus propios barullos y una jugada fortuita de su oponente. Puede resurgir contra Ghana y sería una buena noticia para el fútbol que se recupere una senda de buen juego ante tanta sequía de talento. Aunque en dosis limitadas, incluso ayer mostró que tiene con qué.
En una escala inferior, sin embargo, debería destacarse lo hecho por Estados Unidos, que tal vez tenga la posibilidad de pasar a octavos de final. Entregó con Eslovenia un partido entretenido y con algunos pasajes emotivos. Fue para los últimos el primer tiempo, mientras para los americanos el segundo, no sólo por la distribución de goles sino sobre todo por el dominio territorial y la creación de juego. Eslovenia se paró con un 4-4-2 clásico pero tuvo buena movilidad y rotación especialmente en el primer tiempo. Estados Unidos mostró algo escaso en la copa hasta aquí: una gran capacidad de recuperación, sobre todo a partir del gol de Donovan, producto de un doble regalo. Por un lado la pifia de su marcador que, siendo la última opción, quedó desparramado intentando anticipar en un mal cálculo. Por otro, del arquero que no salió a cubrir el primer palo, sino que cuando tenía al delantero entrando al área chica se escondió atrás del palo tapándose la cara ante el fusilamiento al que fue sometido. Estados Unidos mereció ganar. Doblegó a una buena defensa que había recibido sólo 4 goles en 10 partidos de eliminatorias y le fue anulado un gol por razones inexplicables que le hubiera otorgado los 3 puntos.
Por último, Inglaterra ya no se salva ni cambiando golero. Tampoco Argelia con idéntico cambio y por idénticas razones ante los bloopers de Green y Chaouchi (ya comentados en mi nota «A la C….»). Son el mejor ejemplo del pánico a la derrota, de la apuesta exclusiva por el error o el blooper rival (si lo sabrán ellos con los propios). En ese encuentro no pasó absolutamente nada, a excepción del tedio. Tal vez la FIFA que inventa premiaciones como la del «mejor festejo» podría instituir el premio al plomazo: Inglaterra sería el principal candidato.
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