Imperio alemán

Si el matrimonio de este mundial con el fútbol parece decididamente infeliz, una excepción se dio en el grupo D en el que Alemania asume el rol de Cupido y lo ejercita a la perfección. Junto con Argentina son las dos únicas selecciones que hasta el momento parecen tener condiciones de revitalizar el romance apagado y soñar con algún futuro. Sin rebusques, con una configuración táctica simple pero con excelentes ejecutantes de una partitura basada en la amistad con la pelota y en su control.

Le bastó un primer susto a los 3´, cuando casi queda un gol abajo, para asumir desde ese momento un control absoluto del partido basado en el protagonismo por la posesión del balón. Tuvo la ayuda de una temprana eficacia ya que a los 7´ Podolsky, un volante con vocación ofensiva, puso en ventaja a los teutones con alguna pequeña colaboración de la debilidad en la contención del arquero australiano. Producto de una jugada con sorpresa, velocidad y triangulación comenzó a tejer la urdimbre con la que maniató a su oponente.

Australia fue un equipo débil, aunque con el correr de los dos partidos restantes se podrá mensurar hasta qué punto esta apariencia se debió a la abrumadora superioridad alemana o más estrictamente a sus limitaciones. A priori no insinuaba endeblez. En Alemania 2006, si bien llegaron algo exigidos luego de un repechaje con Uruguay, alcanzaron los octavos de final pero perdieron con el campeón, Italia (seguramente el campeón más mezquino y rústico de la historia) en el último minuto.

La configuración actual dirigida por el holandés, Pim Verbeek, está basada en los experimentados de entonces con la diferencia actual a su favor de clasificar primera en su grupo después de 14 partidos. Estos antecedentes no los posicionan como un equipo fácilmente goleable. Al contrario, tuvo 7 partidos consecutivos con la valla invicta.

Alemania hizo lo que mejor puede hacerse con una pelota. Tenerla, hacerla circular, esconderla y evitar rifarla. No se aprovechó de la volatilidad de la Jabulani para patear desde cualquier distancia, ni abusó de los centros para sus torres humanas. Jugó por abajo en pared y con gran despliegue físico para cubrir todos los sectores de la cancha con superioridad numérica. A ninguno le sobra gambeta pero lo suplen con triangulación, movilidad colectiva y relevos. De este modo no extrañará a Michael Ballack. Es la formación alemana con el menor promedio de edad de toda la historia de los mundiales que además de jóvenes son verdaderos atletas insinuando además un promisorio futuro.

Promediando el primer tiempo ya merecía estar dos a cero con jugadas construidas en base a su propia elaboración. A los 24´se lo pierde Klose, el mismo que le convirtió el gol a Argentina en 2006. Que tres minutos después el mismo Klose aproveche un regalo del golero no desmiente la afirmación anterior. Y siguió generando peligro como el gol que le sacan a Ösyl (gran volante ofensivo) en la línea.

Si alguna desdicha podía sumarse al vendaval que enfrentaba era la expulsión apresurada e injusta de Cahill, su jugador estrella en la clasificación. De forma tal que a nadie podía extrañar que a los 67´ llegara el golazo de Müler, con un enganche que desparramó al defensor y un tiro esquinado junto al palo, o el del brasileño nacionalizado Cacau a los ´70 luego de gran jugada de Ösyl. Después del cuarto minuto de partido, jamás pasó sozobras, con una defensa sólida con línea de 4 definidísima y escalonada. Podría haber hecho más goles porque los buscó hasta el final, aunque fue retirando a sus mejores exponentes para preservarlos. En Australia me gustó el ímpetu de García, que luchó contra su soledad. Pero no hay que dar por muerto a Australia que se mostró impotente pero con cierta prolijidad, sobre todo teniendo en cuenta la pobreza ostensible de los otros dos integrantes del grupo en su propio duelo.

Alemania ganó en todos los planos posibles. Fue demoliendo de a poco a Australia, porque no sólo generó una decena de situaciones de gol como Argentina sino que, a diferencia del último, fue contundente ante la red con lo cual fue debilitando psicológicamente al adversario hasta obligarlo a bajar por completo los brazos y resignarse.

En el otro partido del grupo ganó Ghana, que casi no gana por la disciplinada avaricia y la mala fe de Serbia. Hasta que Serbia le sirvió el triunfo con un penal tan inocente como indispensable para toda victoria pírrica. Como viene sucediendo en casi toda la competencia sudafricana, el verdadero protagonista fue el tedio. Al menos Ghana proponía un posicionamiento más ofensivo con puntas por afuera como Tagoe o Ayew.

Cuando Servia lograba tener la pelota la solución eran los bochazos larguísimos (Paraguay también abusó de ese despropósito). A los 28´ del segundo tiempo fue bien expulsado Lukovic, de Servia, por doble amarilla. Luego llegó el penal y el hundimiento definitivo del partido, por las ganas de Ghana de que termine. Es probable que así terminen.

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