POCO FESTEJO DE LA TORCIDA
Los brasileños pasaron ayer de la euforia y la fiesta anticipada a la desazón y la molestia luego del tibio triunfo de la selección apenas por 2 goles a 1 sobre la débil Corea del Norte. En Rio de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia, al igual que en otras grandes ciudades del país, la jornada se vivió como un feriado, especialmente después del mediodía, cuando las oficinas públicas y los comercios cerraron sus puertas para asistir al juego. No era para menos. Hasta el propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva dejó de trabajar para sentarse frente al televisor y ‘torcer’ por la selección.
A las calles vacías de la mañana, siguieron fuertes concentraciones de público en bares y barrios especialmente decorados para la ocasión. La mayor aglomeración fue en la playa de Copacabana, en Rio, donde se montó un escenario.
Allí más de 20.000 personas vieron el partido en una pantalla gigante de 120 metros cuadrados.
Al escucharse el pitazo final, la Avenida Atlántica de Copabana estaba vestida con los colores de la ‘seleçao’, y se escuchaban algunos tímidos gritos de festejo por una victoria que para los brasileños tuvo sabor a poco, poquísimo.
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