MUNDIALISTAS Y MADRUGADORES

Un trabajo a "destajo" importante que no se ve

Cada mañana, ya con el sol del Kalahari en todo su esplendor, dos figuras se recortan solitarias sobre el césped del GWK Park de Kimberley, centro de entrenamiento del seleccionado uruguayo de fútbol en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Son las de Edgardo Di Mayo y Guillermo Revetria, utileros de la delegación uruguaya, encargados de transportar los botines, los balones y otros elementos para los jugadores, a quienes tratan de satisfacer en todas sus necesidades en lo que respecta al equipamiento.

La jornada empieza en el hotel cuando todavía no salió el sol y las temperaturas son bajísimas. Di Mayo y Revetria se despiertan a las 6 de la mañana y se abocan a ordenar la vestimenta.

Hay que «preparar la ropa de los jugadores, los botines, la ropa de los técnicos. Medir las pelotas a ver si están bien de aire y después aprontar todo para el viaje», explicó Di Mayo a la AFP.

La FIFA entregó 25 balones ‘Jabulani’ en Montevideo y otros 25 al llegar a Kimberley.

El portador de un apellido que recuerda al legendario beisbolista Joe Di Maggio ya acumula una amplia experiencia con seleccionados uruguayos, pues comenzó en juveniles en 1994. Saltó a la Selección mayor con la llegada del entrenador Oscar Tabárez y Sudáfrica 2010 es su primer Mundial.

También está de estreno Revetria, más joven y más delgado que Di Mayo, que trabajaba en juveniles y llegó a la mayor como colaborador.

Los elementos fundamentales que manejan Di Mayo y Revetria son, como no podía ser de otro modo, los botines de los jugadores.

Cuando arriban al estadio de Kimberley se abocan a ordenar los botines prolijamente frente a lo que sería el banco de suplentes. Dos filas multicoloridas de 23 pares.

Di Mayo explicó que se les pasa «una pomada que contiene vaselina para que brillen y además protege el cuero de la humedad del campo».

El césped de la cancha principal y la auxiliar del GWK Park luce impecable y es regado todas las mañanas.

El propio Tabárez elogió los campos de juego, en particular porque cuando vino hace unos meses a ver las instalaciones de Kimberley, el auxiliar no existía.

Después de cada entrenamiento, explicó Revetria, los botines «se limpian, se les saca el barro, se ajustan los tapones y los jugadores nos dicen si se sintieron cómodos o quieren otros».

«El botín nuevo por lo general aprieta y no todos los jugadores se sienten cómodos con el mismo botín. (El capitán Diego) Lugano, por ejemplo, nos pide unas plantillas si el campo está duro». Aunque eso no es problema en Kimberley.

Los botines exigen un paciente trabajo en el hotel, donde se colocan en una horma con agua caliente que los estira, pese a que estamos en el siglo XXI y los botines parecen de diseño aeroespacial.

Los jugadores, de acuerdo a los utileros, cuidan su calzado; muchos de ellos los colocan en una horma cada día para que mantengan la forma. Di Mayo y Revetria tienen una muy buena relación con los jugadores, a los cuales conocen desde la etapa juvenil. Hasta el momento no han conocido más que el estadio y el hotel, pero «(Diego) Forlán nos invitó a recorrer el ‘big hole'», la famosa mina de diamantes de Kimberley.

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