DIVISION. LA TORRE DE LOS HOMENAJES SE INCLINO AVERGONZADA POR LA VICTORIA DE LOS VIOLENTOS

"Que en paz descanses, Olímpica"

Durante más de medio siglo, los hinchas de Nacional y de Peñarol coincidieron en la Tribuna Amsterdam, reservándose uno de los rincones inferiores para cada uno, sin que existieran inconvenientes mayores; los parciales tricolores ocupaban la bandeja inferior contra la Tribuna Olímpica, mientras los carboneros se reservaban la zona del primer anillo más cercana a la Tribuna América.

Con el paso de los años comenzaron los problemas entre algunos parciales por la ubicación de las banderas sobre el primer anillo, ya que algunos «vivos» querían extender las suyas más allá de la mitad de la tribuna. Ya, en los últimos años de la década de los ochenta, al iniciarse los noventa, las refriegas se hicieron cada vez más constantes, hasta que se decidió comenzar a separar las parcialidades en ambas tribunas cabeceras.

Durante casi una década y media ambas hinchadas se alternaron en los diferentes clásicos entre Colombes y Amsterdam, hasta que hace algún tiempo se definió que la más cercana al Río de la Plata quedara en poder de los carboneros y la que da sobre Avenida Italia fuera reservada para los tricolores. Antes del clásico del pasado Torneo Clausura, las autoridades policiales comenzaron a manejar la posibilidad de que la Tribuna Olímpica pasara a ser «propiedad exclusiva» del equipo local, una iniciativa sugerida por el dirigente albo Pablo Santos, que finalmente no fue tenida en cuenta.

En el cotejo del pasado miércoles ­12 de mayo de 2010­ la tribuna coronada por la Torre de los Homenajes (erigida en honor a los campeones olímpicos) fue «compartida» por última vez por hinchas de ambos equipos. Familias en las que coinciden hinchas de las dos instituciones, amigos con gustos diferentes debieron cambiar sus costumbres, ya que ayer «la tribuna de la familia» fue dividida al medio, dejando un «pulmón» vacío en para que no existiesen incidentes entre ambas parcialidades.

La localidad que puede albergar mayor cantidad de espectadores lució desolada, ya que muchos de sus habituales concurrentes desistieron de asistir a ver el partido. Como lo había anunciado el presidente albo Ricardo Alarcón se instaló en ese sector del Estadio (unos minutos antes de las tres y media de la tarde) junto con buena parte de la directiva e integrantes de la seguridad tricolor. Antes de comenzar el juego, el mandatario atravesó la zona neutral para saludar a los dirigentes carboneros Daniel y Diego Benech ­uno de ellos en uso de licencia­ quienes concurrieron a ese lugar como lo hacen habitualmente. El resto de la dirigencia mirasol permaneció en el Palco Oficial, donde se ubican normalmente.

En el resto de las tribunas el clásico se vivió normalmente, y en el ingreso de los equipos al campo desde la Colombes surgieron las banderas tricolores conjuntamente con algunas uruguayas y varias artiguistas, mientras en la Ámsterdam abundaron las aurinegras acompañadas de mucho papel picado.

Pocos minutos antes del comienzo de la brega, Nacional confirmó el mismo equipo del último partido, mientras Peñarol cambió en su defensa a Alejandro González por Gerardo Alcoba.

Corrían diez minutos del segundo tiempo aproximadamente cuando una fuerte llovizna comenzó a caer sobre la zona del Parque Batlle, concretando la amenaza de precipitaciones existente desde varias horas antes; con el paso de los minutos la intensidad disminuyó, pero se transformó en una especie de agua nieve que acompañó la gélida sensación térmica existente.

Héctor Martínez arbitró su primer clásico, mostrando nada menos que doce cartones, ocho de color amarillo y cuatro rojos, dos para cada lado.

Obviamente, los cuatro futbolistas expulsados no podrán jugar en la definitiva final: Maximiliano Calzada y Mathías Cabrera en filas albas , Jonathan Urretavizcaya y Ruben Olivera del lado de los carboneros.

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