"Devuelvan la plata"
La asistencia de espectadores en el partido de ayer, fundamentalmente por la cantidad de hinchas que viajaron desde la tierra de Gardel, desbordó las previsiones de los organizadores del espectáculo. Una sola boletería fue habilitada –la de la tribuna principal– para la venta de entradas, por lo que una larga fila se formó sobre la Avenida Martínez Monegal. Para dar una idea de cuán larga era, basta decir que hasta los 43 minutos del primer tiempo, continuaba ingresando gente al escenario canario. Más de una persona que pagó su entrada pero pudo ver solamente la mitad del partido, mandó al aire el clásico grito de indignación al que refiere el título: «Â¡Devuelvan la plata!»
Otros espectadores también miraron solamente la mitad del partido, o quizás menos. La razón es que en la noche del sábado fueron elegidas las reinas «oficiales» del Tacuarembó Fútbol Club, y ayer se hicieron presentes en el Martínez Monegal, acompañadas por una promotora del club y la periodista del Canal 7 de Tacuarembó María Benita Rodríguez. Rocío Da Silva (reina), Paola Fros (primera princesa) y Gabriela Mora (segunda princesa), además de nuestra colega, fueron las encargadas de poner la cuota de belleza en la tarde, y varios quedaron «hipnotizados» mirándolas.
Juventud sufrió tres bajas en la tarde de ayer: Diego Badalá y Carlos Macchi, por estar suspendidos, y el norteño Renato, que sufrió un tirón en el partido pasado. Además, no contó nuevamente dentro del campo con la dirección de «Quico» Salomón, por lo que su ayudante Sergio Cabrera fue quien estuvo al costado de la línea de cal.
Aparte de lo sucedido a la entrada del Estadio, varios hinchas del equipo visitante (que viajaron más de 300 km) se quejaron de la falta de algunos servicios indispensables en el escenario canario. En la tribuna que les tocó ocupar, el estado de los baños era realmente lamentable; en el femenino por ejemplo –según nos comentaron– no existía ningún tipo de comodidad, solamente un caño tirado y bastante arena desparramada.
De artefactos, o al menos un hueco en el piso de ese baño, ni hablar. Sin duda alguna, una falta de respeto para el público y un tirón de orejas para quien habilita un escenario en esas condiciones.
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