Primer éxito de Jacinto Herrera como cuidador

Ese apretón de manos con Edwin Talaverano en la herradura de los vencedores cerraba el círculo. Jacinto Herrera, aquel que a los 18 años trajo Hernán Ceriani Cernadas desde Perú, para correr sus caballos, logró su primera conquista como entrenador, y lo hizo con una yegua de La Quebrada. Pasaron más de veinte años del comienzo de una relación que nació en un contrato y se convirtió en un vínculo afectuoso. «Si estuviera aquí don Hernán, todavía estaría lagrimeando», decía el ex jockey instantes antes de ingresar a la veterinaria, allí donde estaban por hacerle los análisis a Watch Her, la potranca que debutó ganando en Palermo.

Tres años de la desaparición física del criador, para Herrera sigue muy presente. Seis días después de haber presentado por primera vez, la victoria llegó con una hija de Wally, una de las campeonas velocistas que montó en la época más reluciente en la que vistió la chaquetilla blanca y roja.

«Wally era bien ligera desde que comenzó a ensayar. Si llegó a correr la Polla (en la milla), fue para pelearla a Star and Stripes, pero mirá si sería buena la otra que no le pude sacar la punta. Watch Her es corredora como la madre, pero tiene otro estilo; sirve para las carreras de codo», compara Herrera, ya con la victoria consumada, mientras no para de sonar su teléfono celular. «Mirá, tengo dieciséis mensajes nuevos», dice sorprendido, apenas pone punto final a una de las llamadas. Jacinto, de jeans celestes y remera blanca, se instaló en el playón de la tribuna oficial para seguir la carrera y se acercó a la verja para ver la definición. «La de Juan Carlos (Maldotti) ya tenía experiencia y no se entregaba. La mía había hecho un esfuerzo grande de abajo, para recuperarse de una salida lenta. Me parecía que le ganaba, pero no la quería gritar. Se me salía el corazón. No sabés cómo me latía», confesó el limeño, que pronto se fundió en un abrazo con su mujer, María, y los dos hijos más pequeños: Francisco y Santiago. Enseguida llamó Carolina, que se había quedado en la casa, y, casi al borde del llanto, felicitó a su padre. También Rafael, el mayor de los cuatro chicos, celebró a la distancia. Como todo el equipo de La Quebrada, que al mismo tiempo presenciaba un casamiento en Pilar, mientras de reojo seguían la carrera. Y enseguida se pasaron el teléfono de mano en mano para felicitar a Jacinto.

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