El amor por el turf dura toda la vida
Cuando las participantes del handicap Sir Berkeley, de San Isidro, estaban próximas a tomar la recta final, quienes seguían la carrera desde el televisor ubicado en el salón Macón del hipódromo quedaron sorprendidos por una voz que se hacía sentir y mucho.
«¡Vamos que podés», fue el primer grito de aliento. «¡Un poquito más!», fue el segundo pedido. «¡Otro poquito!», el tercer ruego, más fuerte. Así, a puro aliento, hasta que se concretó lo que a pocos metros del disco parecía difícil: que la yegua Opera Dancer quebró a la puntera Miss Mimosa y se llevó el triunfo más importante de su carrera.
La voz era la de su criador y propietario, Alfredo Fermín Guerrero, un hombre de 86 años que estaba disfrutando de algo que no todos pueden en la hípica, como es ganar una carrera fuera de lo común.
«Estoy en el turf desde que nací. Mi padre fue cuidador y yo seguí sus pasos. Fuimos muy amigos en la vida. Después estudié veterinaria, me recibí y ejercí durante muchos años la profesión que me dio de comer durante toda mi vida. Además me divertí muchísimo. Por eso soy un enamorado de los caballos», narra don Alfredo.
Pero no está solo el hombre. A su lado, tomándole la mano, está Nelly Matilde Vita, su esposa, quien desde hace más de 50 años lo acompaña en la vida y, por supuesto, en las carreras.
«La de hoy es una de las emociones más grandes que tuve y por suerte la pude compartir con ella. Yo nunca grito mis caballos pero hoy me emocioné», dice, como con vergüenza. Y continúa: «A mí esta carrera me servía mucho porque era un clásico, y como yo me voy a quedar la yegua para madre, hasta el segundo o el tercer lugar valía mucho. Por eso le dije a Lucho (Palacios, el entrenador): «Si está en el marcador, te doy un abrazo y hasta te beso».
Guerrero es el criador pero, como él mismo aclara, el mérito es del haras «Los Prados», de la familia Levi, donde tiene las cuatro yeguas de su propiedad, esas que hacen que mantenga viva la pasión.
Alguien invita a un festejo con champagne y allá van don Alfredo y doña Nelly, el hombre que supo dirigir el Lazareto y la mujer que disfruta de las carreras a la par de su esposo.
Antes de celebrar deja una pregunta en el aire: «¿Y ahora cuándo tiene carrera la yegua?»
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