MATIAS RODRIGUEZ

La ida del lateral es  lógica pura

«No maldigas del alma que se ausenta, dejando la memoria del suicida, quien sabe qué oleajes, qué tormentas lo alejaron de las playas de la vida», el trozo de «Final», la canción de Eduardo Darnauchans, parece querer buscar consuelo ante lo irreparable, el mismo que deberá tener la parcialidad tricolor por la ida del argentino Matías Rodríguez del Club Nacional de Fútbol.

En un balance del año 2009, y teniendo claro las descollantes actuaciones de Lodeiro y «Matute» Morales, la regularidad, polifuncionalidad y devoción a la causa de Matías Rodríguez lo convirtieron en una de las piezas clave para el Nacional Campeón Uruguayo 2008-2009 y Campeón del Clausura.

Hoy, el equipo albo lo ve partir por una simple y clara ecuación económica. El salario prometido, el cobro de una prima y la chance de ser convocado por Maradona, aunado a la indiscutible vidriera que significa jugar en otro mercado, tornaron desequilibradas las propuestas en pugna.

Uruguay debe capitalizarse como vidriera de paso, y más allá del sentimiento de la hinchada, consideramos que la dirigencia tricolor guardó coherencia.

Era impensable el pago del monto solicitado por el cincuenta por ciento de la ficha.

No responde a la política de contrataciones de dicha institución. Nacional queda con un derecho al cobro de un porcentaje por un posible pase dentro del año y esa era la idea original, utilizar los servicios del jugador y potenciarlo y capitalizarse.

El problema con este caso en particular es que el jugador «explotó» en Nacional y la hinchada lo adoptó como a un hijo de la casa. No obstante, toda la operativa tiene lógica, una lógica comercial innegable. Y quizás lo que le duela a la parcialidad es como no se quedó, pero siendo realista y objetivo, el dinero manda.

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