Fernando Brusco Payssé

Hay "cultura nacional" para rato

Se efectuaron las elecciones en el Club Nacional de Fútbol, en las que el oficialismo, que postulaba la reelección de Alarcón, aplastó a la lista opositora, obteniendo diez de los once cargos en la Directiva. Muchos marcan que ganó Alarcón y perdió De León.

No pareció claro el surgimiento de una lista opositora, en una administración que ha impuesto una impronta envidiable a nivel de los demás clubes profesionales de nuestro medio.

Recordemos que en el génesis de la administración Alarcón, habiendo pasado apenas unos meses de la asunción del mando, se produjo el pedido de licencia ­que terminó resultando definitiva­ de Víctor Della Valle, vicepresidente electo.

Esa situación podría haber puesto en jaque a Alarcón, pero sin embargo el grupo de Della Valle aportó siempre a la solvencia institucional.

El otro grupo, «el de los Martínez», siempre presentó un perfil bastante más fiscalista.

Creemos que Nacional ha gestado una manera diferente, y más profesional que lo habitual, de encarar una institución de fútbol.

Se mantuvo relaciones comerciales con diferentes grupos empresariales y siguió creciendo el proyecto del Gran Parque Central.

Nacional no se casó con ningún contratista en particular e hizo negocio con todos; incluso pactó intercambios con clubes como Boca Juniors.

Creemos que en la lista opositora se juntaron candidatos de «todos los pelos», con intereses muy contrapuestos. Algunos motivados por ambiciones personales y otros por «pseudo» intereses éticos.

Un ídolo como Hugo De León dio un mayúsculo paso en falso. Se creyó el dueño del club y pidió cosas que excedían los derechos de un socio común y silvestre.

Uno puede ser crack en lo deportivo, pero entra en arenas movedizas cuando enjuicia injustamente lo institucional.

El sexto de la lista opositora, De León, es tildado por todos como el responsable de haber «ensuciado la cancha» y algunos estudian su enjuiciamiento.

Es lastimoso que en un fútbol tan pequeño como el nuestro, un ídolo flagele su imagen.

Nacional plasmó en las urnas la conformidad de su masa de socios con la Directiva del Club, y no es para menos, en un año brillante para la historia de la institución en la realidad de las posibilidades deportivas actuales del fútbol uruguayo.

No era plausible que alguien en la plataforma hable de «Nacional Campeón del Mundo». No sonaba serio.

La afición no tenía claro donde estaban los cuestionamientos, pero el categórico tres a cero contra Peñarol y la subsiguiente vuelta olímpica contra Fénix, parecieron terminar de sepultar el peso que pudiera tener la oposición.

En esta década, Nacional ha sido el gran equipo del fútbol profesional uruguayo, y Alarcón será por un nuevo período el presidente del club de Los Céspedes.

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