El libro del Picaflor
–Picaflor, lo observo y mete miedo. ¿Por qué tanta seriedad?
–No distraiga al plumífero que está inmiscuido en la lectura.
–¿Qué bombazo tiene para hoy?
–Con sinceridad, El Picaflor está trabajando en varios frentes, haciendo investigaciones que confía terminen con buenos resultados. Lo que quiere compartir con los lectores es una historia familiar, llena de dolor, angustia y tristeza.
–Cuente, cuente.
–Ayer, 26 de marzo, se cumplieron tres años de la muerte de Julio César Britos, el inolvidable «Poroto», campeón del mundo en 1950. Sus restos mortales descansan en el cementerio del Buceo en el Panteón de los Olímpicos, propiedad de la AUF.
–Siga, siga.
–Hace varios días que la familia estaba haciendo los trámites para realizar la reducción de restos, para dejar un espacio libre en el Panteón por cualquier contingencia y se encontraron con la mala nueva que la Dirección de Necrópolis se negaba a habilitar la apertura del recinto porque… la AUF estaba atrasada, desde 1999, en el pago de la tasa municipal respectiva.
–¡Cómo!
–Como acaba de leerlo. El Picaflor primero certificó la noticia con un funcionario municipal que está vinculada al área respectiva y luego se comunicó personalmente con el hijo del querido «Poroto» y le ratificó la versión.
–Increíble.
–Increíble pero es la pura verdad. De acuerdo a los datos que obtuvo El Picaflor, la Asociación se puso al día en la Dirección de Necrópolis y en forma automática quedó superado el diferendo. Ayer de mañana, día en que se cumplieron tres años de la muerte del campeón del mundo, sus familiares después de tanto manoseo pudieron proceder a la reducción de restos de Britos…
–El Ejecutivo de la AUF debería excusarse formalmente con la familia Britos.
–Correspondería. Pero mire que no fue el único inconveniente: cuando fueron a retirar el cajón, se encontraron con la desagradable noticia que el Panteón estaba inundado, pese a que el año pasado invirtieron más de diez mil dólares para repararlo. Su hijo le comentó al Troquílido una anécdota de su padre, cada vez que iba al cementerio del Buceo y visitaba el Panteón de los Olímpicos: «El día que me muera, poneme un equipo de buzo por las dudas…».
–Un chiste con el sello inconfundible del inolvidable «Poroto».
—Paradoja del destino. Ayer fueron a hacer la reducción y el cajón estaba bajo agua… Pero los periodistas que dicen estas cosas –verdades verdaderas– son para los Casal boys «los contras de siempre»… Sinceramente, lo que le ha tocado vivir a la familia Britos es una vergüenza.
–Pero Troquílido, si la AUF nunca se preocupó de los campeones del mundo que están vivos, ¿se va a ocupar de los que ya están muertos?
—Tiene razón… La desidia de los dirigentes es asombrosa; gastaron miles de dólares en la reparación del Museo del Fútbol el año pasado, para la fiesta del centenario; Blatter cortó la cinta de su reapertura y a los pocos días cerró sus puertas y hoy está nuevamente abandonado. Acá no se veneran las glorias ni se respeta la historia. Es una clara demostración –¿y van?– de que hay dirigentes que ocupan cargos distinguidos que los único que les importa es salvar su reputación personal… Los demás, que lo parta un rayo.
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