Esta no era la idea
Por Juan H. Alfonzo Columnista invitado
Cuando comenzó todo el proceso de la integración del fútbol a nivel nacional la idea era clara en cuanto a quienes asumirían la representación de las entidades que se incorporarían al balompié profesional. Clubes que defendieran a su departamento con la adhesión expresa de sus coterráneos a todo nivel, incluidas las fuerzas vivas. Después, tal vez por las dificultades existentes para lograr ese apoyo –en el Interior están igual o más arraigadas que en la capital las rivalidades entre las instituciones– se fueron flexibilizando las reglas y se admitió, por ejemplo, a Paysandú Bella Vista, que quedó muy solo sin la ayuda de sus pares sanduceros, a Frontera Rivera, con el que sucedió otro tanto, al Tacuarembó F.C., que si bien era el equipo de todos en su capital, no lo era así en el resto del Departamento, y al Deportivo Maldonado que tampoco era reconocido por los fernandinos como su representante. El único que cumplió con lo exigido originalmente –y eso fue en el segundo año del actual sistema– fue el Rocha F.C. que aglutinó en su torno a todas sus entidades. En la temporada pasada, en la Segunda División, alternaron dos instituciones colonienses, el Plaza y el Deportivo Colonia, en algo que estuvo absolutamente fuera de lo que se pensó al comienzo.
El desastre actual
En los últimos días surgieron acontecimientos que revelan la escasa base firme que tuvieron algunos, la mayoría de los proyectos llevados a cabo. En Rivera hay un lío descomunal entre dirigentes que, primero estaban unidos en el Frontera Rivera y ahora protagonizan un escándalo con acusaciones, denuncias y demás, mientras una enorme deuda con el plantel todavía no ha sido cancelada. La creación de un nuevo club, La Real Sociedad de Rivera Livramento F.C. es duramente cuestionada y a la vez hay versiones de coimas o comisiones que los involucrados niegan mientras intiman a quienes acusan para que prueben la razón de sus dichos. Algo muy desagradable, sin duda, que aún no se sabe cómo culminará.
Mientras tanto, en Paysandú, los papales tienen un conflicto interno de proporciones, al punto que el presidente, Cr. Alvaro Cernicchiaro, no se habla con el técnico Carlos Manta a raíz de declaraciones de éste realizadas al término del campeonato pasado, cuando el equipo se salvó del descenso. Algo así como si en una empresa, el titular del directorio no tuviera trato con el gerente general. Además, por si eso fuera poco, el preparador físico — que no tiene título que lo habilite como tal– ha hecho comentarios infelices en el sentido de que un dirigente le pidió que trabajara «despacito» para ver si el entrenador se iba. Una barbaridad y una situación que de no destrabarse rápidamente amenaza con hundir al club en el caos total.
Finalmente, el Rocha F.C. manifiesta por medio de uno de sus directivos más activos, el Dr. Umpiérrez, que el campeonato clasificatorio se está jugando de manera antirreglamentaria –cosa absolutamente cierta– porque la fórmula de puntaje que se está utilizando no es la votada por la Asamblea de AUF. Este pensamiento es compartido por muchos de los participantes pero, al parecer, hay varios que están esperando cómo les va al término de la competencia para plantear su objeción a lo actuado, seguramente por aquello de «verle las patas a la sota» para después proceder. Así marcha el fútbol uruguayo actualmente, si es que se puede decir que marcha.
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