FESTEJO. LOS ARGENTINOS SE SACARON LA BRONCA Y COREARON AL UNISONO

"Que nacieron hijos nuestros…"

El partido de ayer tuvo un Estadio Centenario totalmente repleto, en el cual las entradas se vendieron como pan caliente, lo cual no sucedió en Argentina, que devolvió mil entradas Colombes, las cuales se pusieron a la venta previo al partido y no duraron ni media hora en la boletería.

A pesar de ello, llegaron cerca de tres mil argentinos para alentar a su Selección y muchos periodistas de la vecina orilla, en cantidad cercana a los 300, además de colegas de Francia, Chile, Brasil, España, Portugal, etc, los cuales se apostaron en diversas partes del Estadio.

La salida de Uruguay a la cancha fue uno de los momentos emocionantes de la noche, ya que una lluvia de serpentinas y papel picado celeste, así como un espectáculo de fuegos artificiales y humo celeste preparado por la AUF, hicieron que fuera un momento muy emotivo para los jugadores.

Con la ejecución de los himnos, llegaron las primeras demostraciones fuertes de rivalidad, ya que la silbatina fue total cuando sonó el argentino. En contrapartida, fue emocionante ver al Estadio entonar las estrofas del Himno uruguayo, que resonó en forma contundente.

El espectáculo deportivo sirvió también para que los diversos partidos políticos siguieran desplegando su campaña. Banderas, reclames y volantes tiñeron con los colores de las diferentes propuestas la fría noche. Además estuvieron presentes en el Estadio José Mujica, Pedro Bordaberry y Luis Alberto Lacalle en las tribunas del coloso de cemento.

Con el inicio del partido los cánticos celestes se hicieron escuchar y el «soy celeste, soy celeste…» sonó fuerte como canto de guerra. Los argentinos, con el correr de los minutos, se comenzaron a hacer sentir y entonaron: «Somos locales otra vez…» para total silbatina de los parciales celestes.

Muy molesto se vio a Tabárez con el línea de la América en algunos momentos, al que le protestó en forma airada en varias oportunidades por fallos a los que consideró equivocados.

El árbitro para el segundo tiempo le solicitó a Maradona que se pusiera un chaleco rojo para diferenciarse del resto del banco. Eso generó que con su estado físico, que no es de los mejores, generara muchas risas en las tribunas.

Con el gol argentino se desató el festejo de los hinchas visitantes. Los mismos aprovecharon para vengarse de los cánticos celestes con el clásico: «El que no salta no va al Mundial…», pero su preferido fue el clásico «que nacieron hijos nuestros…», lo cual fue silbado por todos.

Luego del encuentro se desató la alegría argentina por haber logrado el pasaje al Mundial de Sudáfrica. Cantos, alegría y muchísimos fotógrafos siguiendo a Maradona fueron el factor común. Lo que saltó a la vista para sorpresa de todos fue el apretado abrazo de «Diego» con Carlos Bilardo, de quienes se decía estaban peleados.

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