Hoy que estoy en los cuarenta

Me parece que escucho al «Polaco» Goyeneche cuando con su mágica «gola» suele decir: «hoy que estoy en los cuarenta en el debe de mi vida» y lo relaciono inmediatamente con Juan Ramón Carrasco. Cuarenta y tres pirulos y la calidad, si señor la calidad, esa que no se compra en la farmacia, esa que sólo tienen los elegidos. Carrasco es irrepetible. Es de esos seres que no tienen «dobles», es Carrasco y punto.

Hoy cuando sean las 16 y monedas, una vez más como desde el 74 a la fecha, han pasado 26 años, por el túnel de la Colombes, aparecerá esa figura fuerte, con porte de los de antes y con la calidad de los de siempre. Allí en su casa, en el Estadio Centenario, Jota Erre, estará pronto para jugar. Así lo siente al fútbol, sin dramas, sin líneas, con mucha magia y pensando en ganar. Estoy seguro, creo que nadie puede tener dudas, que Juan sale a ganar. Esa es la de Carrasco. Once contra once, yo «soy el mejor y a estos que están enfrente les ganamos».

Carrasco tiene mucho de barrio, de potrero, de fútbol uruguayo de otra época, lo que no quiere decir que no se adapte a los tiempos modernos. Lo he escuchado opinar; «aquí los dirigentes no quieren cambiar, son conservadores», aparentemente los de Rocha apuestan al cambio y se lo llevaron. Carrasco por dos.

Técnico y jugador. Sinceramente no imagino a Carrasco sacándose del equipo. Cada vez que lo sustituía un técnico se agarraba una bronca bárbara.

Una vez estando en Buenos Aires, justamente en febrero de 1979, los argentinos eran Campeones del Mundo, con mi buen amigo, Gabriel Fuentes cameraman de Estadio Uno, nos fuimos a La Bombonera para hacer el Boca-River del Metropolitano de ese año.

Estadio lleno, más de veinte años que River no ganaba en el Estadio boquense y Labruna que no pone al «ídolo» el Beto Alonso y le da la 10 a Carrasco.

Fue uno de los días más felices de mi vida en un Estadio de fútbol. Carrasco, desfachatado, veinte y pocos años y dueño del partido. Ganó 5 a 2 River. Dos goles de Juan, dos del Pelado Díaz y uno de Ortiz. El gol de tiro libre que le hizo a Gatti todavía lo están gritando en Núñez. Me parece escuchar las dos bandejas de la popular millonaria gritando: «uruguayo, uruguayo», apenas la mano levantada y los abrazos de Passarella, de Jota Jota López, del Pelado y Labruna que tenía un lío bárbaro. Carrasco o Alonso. Así fue la vida de Juan, aún en Núñez recuerdan sus moñas, sus trancadas con Suñé en aquella tarde inolvidable de febrero del 79. Después de aquella victoria, River creo que ganó una vez más en La Bombonera y han pasado 21 años.

Hoy a los cuarenta y tres va por otra hazaña, hacerle un gol a Peñarol, el rival de todas las horas, en donde Damiani le dio el gusto a su hijo Juan Pedro y lo contrató en el 89.

Cuando sean las 16 y monedas, Carrasco va a estar en la cancha. De pantalón corto y más allá de lo que cantan los documentos, seguramente mis ojos tendrán la misma imagen cuando lo ví por primera vez en el Nacional de Ignomiriello allá en el 74.

¡¡Grande Juan!!

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