¿A los jugadores del fútbol uruguayo los masajean con líquido de frenos?
No se puede postergar más un encuentro de profesionales de todo el país relacionados con el fútbol, para aunar criterios sobre metodologías de entrenamiento apropiadas para nuestros deportistas. Pues, los que hoy tenemos y usamos cada vez nos alejan más de los torneos de alta competencia.
Por supuesto que deponer actitudes de soberbia debe ser el primer paso. Salvarse momentáneamente parece ser la consigna, sin percibir que a todos nos llega.
Los resultados desestabilizan y descalifican a cuerpos técnicos enteros, que a esta altura de la historia se han transformado en descartables. La necesidad de trabajar va creando un volumen impresionante de técnicos en la materia, que no los puede absorber el medio, con consecuencias impredecibles que no permiten desarrollar la tarea, por demás compleja, de entrenar un equipo.
Cada maestrito con su librito tratando de imprimir su sello particular, muchas veces por casualidad y otras por capacidad, pueden lograr campañas excepcionales espóradicas. En otras oportunidades, también por casualidades y aún con mucha capacidad, los resultados son negativos, quedando en el camino técnicos y preparadores físicos, magníficos que les cuesta una bárbaridad conseguir otra oportunidad.
Infinidad de veces resaltamos la necesidad básica de formar atletas de élite en el deporte específico que sugiera su particular destreza. Sin embargo, dependemos siempre del milagro celeste. El ejemplo reciente de Miltón Wynants nos hizo participar a todos del festejo de semejante logro. Pero nadie quiere o simplemente no les interesa interiorizarse de los pormenores de la hazaña. Seguramente pasarán otros ochenta años antes que podamos conseguir otra medalla olímpica.
Cuando obsevamos jugadores de la talla fútbolística de un «Manteca» Martínez, del «Polillita» Da Silva, de Mario Orta, que se lucieron en equipos extranjeros de primera línea, se adaptarón a metodologías de entrenamiento fuertes con características que desconocemos.
No entendemos por qué es mucho más rápida su readaptación a este fútbol lento, plagado de pausas, sin sorpresas, sin espíritu de aventura en el que estamos insertos. Estos patrones de marca y acumulación de hombres en los sectores defensivos requieren de un desdoblamiento ofensivo cargado de sorpresa. La velocidad es fundamental, pero mucho más es encontrarla y aplicarla.
Aquí no hay que buscar responsables, todo lo contrario. Imagino que ejercicios combinados con pelota a alta velocidad, potenciar en áreas específicas dotando a nuestros jugadores de esto que es tan notorio en otros atletas pero en los nuestros, por el reflejo que observamos dentro del campo de juego, es el déficit a vencer. No quiero creer que estos entrenamientos utilizados en nuestro medio cansan y ponen sobones a nuestros futbolistas. Un entrenamiento debe ser un estímulo al organismo del atleta para sentirse cada vez mejor. Un amigo, que retornó de EEUU ávido de presenciar fútbol en su Uruguay querido, me manifestó: «A ustedes, los entrenadores de este país, ¿hacen masajear a los jugadores con líquido de freno? Este concepto, objetivo, nos induce a reflexionar sobre algo que es tan notorio para los demás y para nosotros resulta tan difícil de discernir.
Te recomendamos
el mundial opacado
El caso Omar Abdulkadir Artan: deportación, racismo y escándalo en la antesala del Mundial 2026
Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro de África, tenía los documentos al día, la VISA aprobada y todo en regla: iba a dirigir un partido del Mundial de Fútbol y Trump le rompió el sueño.
Compartí tu opinión con toda la comunidad