MEDIA CENTENA DE FUTBOLISTAS ENTRENAN EN LA MUTUAL A LA ESPERA DE UNA OPORTUNIDAD

Ellos son los desocupados del fútbol

Muchos se ven sorprendidos cuando un grupo de futbolistas –algunos de ellos reconocidos en el ámbito local– se reúnen, tal cual lo hace un equipo de una fábrica o del barrio, para jugar un amistoso o simplemente para entrenar en algún parque de Montevideo. Sin embargo esos jugadores, profesionales en todos los casos –aunque hay algunos que no han tenido trascendencia a nivel de Primera División– tienen la gran obligación personal, casi diríamos hasta obvia, de asistir religiosamente a los entrenamientos de la Mutual Uruguaya de Entrenadores para estar a la orden «por si las moscas» como reza el viejo proverbio popular y ser contratado por algún equipo. Todos saben, en la ley de la oferta y la demanda, que no perder estado físico es un crédito permanente para ser contratado. Exponer sus virtudes futbolísticas en tiempos de «malaria», cuando los gritos de la hinchada están tan lejos y los contratos no llegan, no es fácil para nadie, pero es necesario. «Hay que estar preparados» según dicen aquellos que diariamente arman los bolsos y salen a darle al entrenamiento, sabiendo que no hay examen de fin de semana y mucho menos una retribución económica por ello. Y no descubrimos nada diciendo que en tiempos de gran desempleo a nivel nacional, el fútbol no escapa a ello, pero es una realidad y los futbolistas caen en esa especie de bolsa de trabajo que significa la Mutual.

Entrenan diariamente en la Escuela de Policía, tienen un director técnico rentado por la propia mutual (Miguel Mesa) al igual que un preparador físico (Marcelo Palumbo), quienes semanalmente estipulan un trabajo, sin perjuicio de cambiarlo debido a que la mutual está «a la orden» de aquellos clubes que necesiten hacer partidos amistosos. Hacen dobles jornadas, se realizó una pretemporada exigente a principio de año, hay agua mineral y elementos imprescindibles para un trabajo profesional y en definitiva están en la vidriera. Aquellos clubes que deseen un jugador no tienen más que consultar y enseguida habrá un consejo «llévese a éste o este otro» como si fuera un preciado objeto, porque en definitiva lamentablemente esa es la realidad de nuestro fútbol.

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