El libro del Picaflor

–Picaflor; ¿cómo estaban los ánimos en la calle Guayabo?

–Tranquilos. El ambiente entre el funcionariado era de consternación, pesar, dolor, por el fallecimiento de don Miguel Molinari, el correctísimo funcionario que durante decenios volcó su talento y conocimiento a la Asociación. Lamentablmente, cuando entraba en la etapa de su vida de disfrutar junto a sus seres queridos todo el esfuerzo y sacrificio realizados, una diabetes cruel lo avasalló hasta provocarle la muerte. Como podrá imaginarse fue un golpe muy duro para todos los funcionarios y para aquellas personas que tuvieron el privilegio de conocerlo y tratarlo. La muerte de don Miguel Molinari dejó un vacío inconmensurable en el Area Administrativa de la AUF que pasarán decenios para que se pueda disimular.

Lo lamentamos mucho Troquílido.

–El pesar fue el común denominador entre los funcionarios y aquellos que trataron a ese hombre exquisito que fue don Miguel Molinari.

–Demos vuelta la página y vayamos a otro tema.

–Pregunte, pregunte, que El Picaflor no le saca el cuerpo a la jeringa.

–¿No hubo una versión oficial de parte de la dirigencia respecto a la alarmante ola de violencia que está registrándose en el Torneo Clasificación?

–Mutis por el foro. El presidente Figueredo viajó a Europa. Hoy está en Turín, mañana asistirá a la práctica de la selección con la Juve y luego viajará a Zurich para una reunión de la FIFA. Los demás miembros del Ejecutivo no se expidieron; la Mesa Ejecutiva tampoco, lo que demuestra que menos la dirigencia del fútbol uruguayo, todo el mundo está preocupado por los hechos que se están reiterando con frecuencia en diferentes escenarios y tienen como protagonistas a los futbolistas profesionales.

–¿Usted escuchó algo como que la directiva de Nacional vaya a aplicarle una multa a Richard Morales?

El Picaflor no escuchó una versión de ese tenor; tampoco se alarmaría si la Comisión Directiva resolviera multar al futbolista, de acuerdo a lo que establece el Estatuto del Jugador de Fútbol Profesional. Es irrefutable que el Chengue Morales no cumplió con sus obligaciones contractuales, estaba en una boite a una hora inapropiada, un día inapropiado por lo que, si los dirigentes resuelven multarlo, el moreno no tendrá derecho al pataleo. Sería un mensaje ejemplarizante para los demás jugadores de fútbol que en los últimos tiempos hacen vida de divos y no de auténticos profesionales.

–¿La Mutual de futbolistas no se ha expedido tampoco?

–No lo ha hecho aunque el Estatuto del Jugador es bien claro y contiene los derechos y obligaciones que deben respetar los futbolistas. Sería interesante que la Comisión Directiva dé alguna señal al respecto y organice, por ejemplo, un ciclo de charlas con profesionales para ayudar a los jugadores a entender mejor el rol que tienen asignados en el nuevo orden profesional, pero esa decisión pasa por los dirigentes de la gremial y no por el plumífero.

–El fenómeno está adquiriendo una dimensión que debería preocupar no sólo a la Mutual sino también a la propia dirigencia; ¿no?

–Ah sí… Acá hay que ponerle el cascabel al gato; agarrar el toro por las guampas y cortar de raíz este fenómeno, porque si a las diferencias técnicas que tienen nuestros futbolistas con los de jerarquía internacional otorgamos este handicap profesional, las diferencias, lejos de reducirse, van a ampliarse mucho más. Lo del Chengue Morales debería invitar a la reflexión, porque evidencia que hay cosas que están funcionando muy mal. ¿Quién puede descartar que el presunto victimario no es más ni menos que una víctima de un modelo profesional que tiene los valores invertidos?

–No meta el dedo en el ventilador.

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