Hacia la hora de la verdad
Pasó Hungría y comenzó la cuenta regresiva para el inicio de la Eliminatoria. En un abrir y cerrar de ojos habrá llegado la hora de la verdad. Estará Bolivia en el Centenario y Uruguay comenzará un largo camino que lo debería llevar al Mundial del 2002.
Serán dos largos años de lucha, de esfuerzo, de sacrificio. Pero sobre todo dos años en los que habrá que ir paso a paso, parafraseando a Antonio Machado «haciendo camino al andar».
En esta oportunidad desde el primer día se pretendió algo distinto a todo, diferente a todo lo anterior. Desde el arranque mismo, se establecieron pautas y se creó la convicción de todos de la necesidad de cambiar.
Convengamos que siendo la vida de las cosas tan larga, variada e identificable, el hombre le tomó el tiempo para guardarlas y hacerlas historia. Así es cómo los años, las semanas, y los días, todas gotas grandes y pequeñas de un mismo cántaro intermitente, llegaron a medir el trabajo del hombre, certificando para siempre su esfuerzo.
Y así fue como el tiempo, hecho parcela, dividió para reinar y se hizo dueño de la vida humana, de la labor y del descanso. Y de eso se tratará el trabajo de estos dos años.
Pero quien básicamente entró en la recta final es el técnico Daniel Alberto Passarella. Un profesional que llegó al fútbol uruguayo con un superficial conocimiento de lo que aquí se jugaba y de los jugadores, los locales y los que se encuentran en el exterior.
En todo este tiempo debió conocerlos personal y deportivamente y a una profundidad que escapa al común denominador. Porque no puede darse el lujo de la equivocación, aunque lo hará, si no, no sería un ser normal.
Me consta que al observar el fútbol nuestro de cada día, al técnico de la selección se le creaban dudas con respecto a las posibilidades de algunos futbolistas.
El tema radicaba en «el estilo futbolístico» de la mayoría de los equipos uruguayos y lo que él pretendía y pretende para la selección celeste.
En la última citación aparecieron nombres de alguna manera sorprendentes y el trabajo con ellos dio como resultado que se podían adaptar perfectamente a las exigencias y fundamentalmente a la idea que Passarella pretende.
Hay tres ejemplos muy claros, o por lo menos hay tres futbolistas que dejaron a Passarella gratamente sorprendido. Munúa, por todo lo que habla desde el arco, Darío Rodríguez, por su soltura para irse al ataque, y Diego Alonso, por toda la entrega en todos los sectores del campo. Como se ve, hay incógnitas que se van develando.
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