Se nos fue el Nº 8 que todos queríamos: Mario Bergara
Si la nobleza existiera en este deporte, diríamos que fue uno de los más nobles futbolistas contemporáneos, que nunca permitió que ni la gloria ni las miserias del fútbol lo rozara, porque nunca las anheló ni las quiso. Pero en cambio, amó el fútbol por el fútbol mismo y no por sus consecuencias.
Un jugador de clase, que entusiasmaba por poseer una destreza muy particular con la pelota, de una velocidad mental que le permitía ubicar la guinda donde quería.
La precisión, el manejo y la habilidad fueron sus principales valores que lo ubicaron entre los mejores en su puesto. Entreala de los de antes, con una actualidad absoluta. Imaginamos que en estos medios campos congestionados, «Mariolo» se haría un festival por su ductilidad de maniobras en «espacios reducidos», que lo favorecían plenamente.
Recepcionaba, trasladaba y desequilibraba con una naturalidad muy particular, y para los más jóvenes que nunca los vieron jugar, podríamos compararlo con el argentino Aimar, un poco más lento, pero mucho más potente.
Por sus propias características desbarataba el concepto de lentitud-velocidad en este deporte porque no tiraba el pelotazo sino que primero eludía al marcador contrario.
Como consecuencia favorecía el dos-uno en ataque y no como hoy en que se menciona el dos-uno, pero defensivo.
Formó duplas ofensivas espectaculares con Danilo Dibot en su Racing original y con Domingo Pérez, en su querido Nacional.
En este país donde se prioriza la plata, donde hablar mal de los demás es un deporte nacional, el ser humano «Mariolo» rompió todos los esquemas, porque no registra contras ni como jugador ni como persona. Dentro de la cancha la rompía, afuera jugaba a la pelota por dignidad y su don de buena gente. Por eso, la congoja que nos deja este febrero, sólo se puede atenuar si el recuerdo de este entreala de todos sirviera para unir a la familia del fútbol.
Un abrazo eterno al compañero, junto al dolor de todo un país deportivo que lo despidió, con el cariño como se despide a un crack, que más que un crack del fútbol por su propia dimensión, nos permite escribir que se fue un crack de la vida…
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