PEÑAROL EN SU HORA CRITICA

Los clubes de fútbol no siempre pueden mantener un nivel deportivo importante, y sufren ciclos negativos.

La ausencia aurinegra por más de un quinquenio de la Copa Libertadores de América muestra su difícil momento deportivo.

El no haber clasificado a la Liguilla someterá al ostracismo internacional al conjunto mirasol por lo menos por un año más.

Y ante este tipo de situaciones, uno analiza posibles soluciones, y posibles responsables.

Peñarol en estos seis años ha realizado diferentes esfuerzos por retornar a la senda de los triunfos deportivos.

Pero parece que ninguna solución es buena, y como dice la canción de Vinicius «Tristeza no teim fin».

Muchas veces, rompiendo el silencio que la derrota en la cancha instala en el aire, escuchamos el hiriente canto de la Amsterdam «que se vayan todos».

¿La duda es, en ese todos, están ellos mismos, que en oportunidades, con actitudes le han hecho perder puntos, y a la postre resignar campeonatos?

Bajo la conducción de Juan Pedro Damiani se ha intentado todo, incluso a costas de aumentar el déficit operativo de la institución. Se trajo al técnico del campeón uruguayo (Matosas) y se formó un equipo casi europeo (con sueldos acordes a ese supuesto plus deportivo), y ni así llegaron los éxitos. Se pretendió mejorar la conducta del plantel, se trajo a Ribas para poner mano dura, pero nada dio resultado.

En lo institucional se hicieron las paces con el Grupo Casal, se procuró montar un complejo para inferiores, se contrató a Púa, y se trató de desvincular al club de la relación con lo mas pesado de la hinchada.

Pero aquellos vientos provocaron estas tempestades. De aquellos locos lindos, los famosos becarios, saltamos a grupos imposibles de manejar. Supuestamente no se dan entradas ni ayuda logística a la pesada, pero el invento mató al inventor, y los propios dirigentes están jaqueados.

Las grandes instituciones pueden perder en la cancha (River Plate argentino pasó más de una década sin ser campeón), el problema es cuando la institucionalidad está cuestionada.

No han pasado más de ocho meses del momento en que la masa social carbonera ratificó lo que ha sido una conducción más profesional de Juan Pedro Damiani al frente de Peñarol. Pero más allá de ello, hay una integración en el Consejo Directivo aurinegro multisectorial, que responde a diferentes vertientes del sentimiento mirasol.

Cuidado, en ese «que se vayan todos» no pueden quedar comprendidos los dirigentes que en el error o en el acierto, porque son humanos, tienen un objetivo institucional, quizás diferentes a algunos pseudos referentes de la hinchada.

Hay jugadores que no rindieron a la altura de sus campañas anteriores, ni de los sueldos que perciben. Por otro lado, la maldición de los arqueros resulta llamativa.

Lo que no se puede perder de vista es que en la actualidad tres diferentes filosofías de cómo encarar los destinos del club están representados en la Directiva del club. Los banderazos, los gritos y los aprietes son lamentables muestras de intolerancia, cuando en realidad la pérdida de puntos es causada por los «barras». El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. O todos salen juntos, uniendo esfuerzos, aunando voluntades, o Peñarol no podrá salir de su peor crisis institucional.

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