Defensor hundió a un Boca indefendible
La hazaña violeta no derrumbó tan sólo récords estadísticos, aunque la magnitud del batacazo es de máxima consistencia: el equipo porteño sumaba en su cancha 31 partidos invicto por la Copa Libertadores. La última derrota había sido en 2003, ante el Paysandú de Belém por este mismo resultado, con gol de Iarley, luego comprado por el xeneixe ante la seducción que su brillante actuación produjo. Esa derrota, sin embargo, no significó su eliminación ya que de visitante goleó a los brasileños para finalmente ganar aquella Libertadores y meses más tarde la Intercontinental en Tokio ante el Milan. En todo este siglo Boca tuvo una firme y continua participación en la Libertadores con excepción del 2006 y al menos siempre había llegado a los cuartos de final, además de ganarla en 4 oportunidades. Jamás un equipo uruguayo lo había derrotado en 50 años de competencia. Pero esta es tan sólo la fría cara numérica del golpe asestado.
Defensor Sporting lo ganó de arco a arco a lo largo de todo el partido. Porque Silva, la figura de la cancha en la Bombonera, estuvo siempre parado en el lugar y momento exacto y prácticamente no necesitó revolcones para conjurar situaciones de extremo peligro como un cabezazo frontal y libre de Battaglia a 5 metros de la línea de gol, un zurdazo de Riquelme entrando al área, una tijera de Gaitán, un par de derechazos de Chávez y un bombazo de Palacio desde la misma posición que en el gol de De Souza, entre otros apremios menores.
La viola dio una lección de concentración, disciplina táctica, garra en cada pelota dividida y coherencia. Se paró en la cancha con un férreo 4-4-2 que no varió ni para contener la procesión de delanteros y volantes creativos que fue sumando su adversario. Con regularidad, constancia y juego limpio fue incrementando la ansiedad del local que desnudó toda su desesperación e impotencia quedando expuesto a un papelón de contragolpe.
Boca es un equipo con motor de Fórmula 1, armado con las mejores piezas (aunque algo desgastadas) pero con muy poca nafta. La derrochó en los primeros 15 minutos en los que enloqueció al visitante con su ritmo alocado. Defensor en cambio administró el combustible quizás a la espera de algún blooper en el arco contrario como el del agónico segundo gol local en el Centenario. No fue el caso. De Souza se encargó de desparramar a Forlín y fusilar a Abondanzieri en la única llegada del primer tiempo, culminando una jugada colectiva prolija e incisiva.
Algo muy sólido se ha gestado del lado oriental. Tan inverso a la desorientación de un equipo de estrellas perdidas en el campo al punto de pasar de un 4-3-1-2 (con proyección permanente de laterales) a un 3-1-3-3 (con dos centrales atornillados al fondo hasta en los corners y expuestos al cachetazo), aún habiendo experimentado en el campeonato local que 3 delanteros y 3 cuasi enganches constriñen aún más las posibilidades de llegada y centralizan excesivamente el juego, impotentizándolo. El Fórmula 1 no sólo se queda sin nafta sino que además, carece de un piloto inteligente y experimentado. Tal vez los cambios los debió hacer la tribuna.
El jugador extra que aporta «la 12″, no compensó la ausencia de varios de los que se esperaban de la línea de cal para adentro. Allí donde Defensor no olvidó ninguno para llevarse entre 11 verdaderos protagonistas un histórico premio.
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