FESTEJO. TODA LA PARCIALIDAD TRICOLOR FUE UNANIME AL COREAR

"No se va, y Ribas no se va…"

La hinchada de Nacional festejo un nuevo triunfo clásico, en un cotejo en el cual la seguridad fue uno de los aspectos resaltables por el operativo implementado. No faltaron riñas y los inconvenientes habituales, en un contexto de celebración en rojo, azul y blanco.

 

La seguridad antes del clásico fue abrumadora; no sólo se pudieron observar todos los vallados y sistemas previstos, sino que los efectivos afectados al trabajo se observaban en todos lados y en buen número. Además se pudo observar un helicóptero que recorrió el Parque Batlle y adyacencias buscando posibles focos de violencia e inspeccionando que todo fuera normal.

 

El operativo tuvo diversas partes, incluyendo espirometría, requisa de serpentinas y rollos de papel que se iban a usar para lanzar durante el cotejo, pirotecnia, vallado, efectivos en moto, a caballo y mucha seguridad en los alrededores del coloso de cemento.

 

Previo al cotejo de primera división se produjo el encuentro preliminar de tercera, en el cual los albos también derrotaron a los carboneros por dos a cero, con dos goles de un hombre que ya supo ponerse la alba en mayores, como es Martín Cauteruccio. Luego de la victoria los jugadores tributaron el triunfo a la Colombes.

 

Julio Ribas, entrenador de los aurinegros, estaba suspendido y debió ver el cotejo desde la platea América, recostado sobre la Amsterdam. Antes del inicio de las acciones salió rumbo a la cancha junto a su equipo, saludó a la hinchada y posteriormente se retiró al lugar desde donde observó el partido. En la platea, el particular técnico de los mirasoles estuvo rodeado de varios integrantes de la seguridad interna de Peñarol. Además estuvo acompañado de algunos personajes que también integraron su séquito, como el conocido «Colorado» de Omar Gutiérrez y Walter, el parcial que siempre aparece detrás suyo en cada una de las notas que le realizan.

 

El presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, observó las acciones desde el palco vip con las ventanas abiertas y la presencia de dos miembros de la seguridad, que vigilaron que ningún hecho de violencia se suscitara. El de Nacional, en tanto, Ricardo Alarcón, lo hizo en el palco bajo de la tribuna América.

 

Otra particularidad fue cómo se vivió el minuto de silencio que tuvo lugar previo al comienzo de las acciones, en honor al escritor Mario Benedetti y al ex presidente de Nacional Dante Iocco. Los aurinegros ignoraron el hecho y se levantaron al unísono a cantar alentando al equipo. En Nacional, en tanto, el aplauso fue generalizado recordando a dos figuras de nuestro país.

En las tribunas, a la hora de salir los equipos la lluvia de papelitos fue igual de impactante en ambos lados. La única diferencia se notó en la Amsterdam, que esta vez además brindó gran colorido con la presencia de globos acomodados en forma de bastones negros y amarillos.

 

Las barras de aliento además estuvieron acompañadas de música, en el caso de Peñarol con bombos que seguían el ritmo de los temas que se entonaron, mientras que la de Nacional contó con instrumentos de viento, en lo que representó una verdadera fiesta en la tribuna.

 

Hablando de figuras presentes en el Estadio Centenario, en el entretiempo toda la Amsterdam realizó un gran homenaje a Pablo Javier Bengoechea. Una vez que se percataron de su presencia en la América, el canto de ole, ole, ole, Pablo, Pablo» retumbó y fue precedido de un multitudinario aplauso.

 

Una particularidad que mostró el cotejo fue una nueva lesión en lo que respecta al arquero titular de Peñarol. Con el partido 1 a 1, el golero aurinegro se dejó caer dando muestras de gran dolor en la pierna izquierda, la cual no podía apoyar. Eso marcó el retornó bajo los tres palos del argentino Pablo Caballero, que hace mucho tiempo no integraba el plantel aurinegro. Recordemos que Sosa se había lesionado en el partido anterior.

 

Luego del tercer gol del cotejo, anotado por Biscayzacú de cabeza, la hinchada de los albos se levantó en su totalidad festejando el triunfo parcial, que posteriormente se transformó en final. El coro que más adeptos tomó fue el que versaba «no se va, y Ribas no se va…»

 

La desesperación de los hinchas albos y la calentura de los mirasoles tenían un mismo protagonista, Nicolás Lodeiro. Para los primeros el mismo era golpeado constantemente y no se sancionaba al infractor de manera correcta. En cambio los segundos argumentaban que el volante se tiraba permanentemente y merecía la amarilla. En conclusión, todos protestando.

 

Dos de las grandes ovaciones del cotejo fueron para la gran figura del encuentro, el «Grillo» Gustavo Biscayzacú, quien anotó los tres goles en el triunfo de su equipo, y para uno de los bastiones de la mitad de la cancha que tienen los albos, su capitán Oscar Javier Morales. Este último cometió una fuerte infracción y vio la roja, pero igualmente fue reconocida su labor por los hinchas con un cerrado aplauso.

 

Una de las actitudes reñidas con el cauce normal de las acciones fue la que propició Darío Rodríguez al finalizar el encuentro, cuando increpó a Nicolás Lodeiro por su forma de jugar, argumentando que intentó sobrar. Eso generó un tumulto en el cual participaron integrantes de los dos equipos y habría habido una agresión por parte del capitán aurinegro. Cabe destacar que se esperan varias denuncias de jugadores en el confidencial del árbitro.

 

Otro tumulto se generó en ese instante en forma de protesta sobre Roberto Silvera, árbitro del cotejo, ya que entendían que no sancionó un penal sobre la hora cometido por Coates ante Carlos Bueno. Los jugadores carboneros se abalanzaron sobre el «pito» y este, custodiado por un buen número de efectivos policiales, se alejó del lugar.

 

Luego de eso se dio el festejo de los tricolores, quienes se dirigieron a la Colombes, donde se encontraba el grueso de su parcialidad, para dedicarle la victoria, y cantando y con abrazos de todo tipo y color, se unieron a la celebración. Algunos de los jugadores, los más temerarios, se lanzaron al foso revoleando la camiseta «Grillo» Gustavo Biscayzacú.

 

El último futbolista albo que había convertido tres goles en un partido había sido «El Viruta» Diego Vera en la pasada Liguilla, en el triunfo de Nacional frente a River Plate, pero en materia de clásicos el último antecedente de un jugador anotando tres tantos se remontaba treinta y tres años: el 30 de enero de 1976, por la Liguilla de 1975, «El Pibe» Julio César Jiménez lo hizo en la victoria de su equipo cinco a uno, mientras cuatro años antes Luis Artime había conseguido la misma cifra para el triunfo tres a cero de Nacional. Pero en cotejos válidos por el Campeonato Uruguayo, con el triplete del «Grillo» son solamente tres los jugadores que lo han conseguido en la historia del torneo: el 6 de enero de 1952 Reinaldo Martino llevó a Nacional a una victoria tres a dos, mientras el 14 de diciembre de 1962 Peñarol ganó cuatro a uno con goles de José «Pepe» Sasía.

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