Uruguay noveno en la Champions League

Permanentemente se discute por la afición futbolística uruguaya la importancia y el manejo de los contratistas.

Muchos esconden los reales problemas intrínsecos de nuestro principal deporte, argumentando que el mismo es rehén de la actividad expoliadora de los contratistas de fútbol.

Es interesante estudiar el fenómeno que se da más allá de que, obviamente, hay aspectos que rechinan, pues la mercadería en juego es la actividad específica de un ser humano, y a veces su vida misma.

Todos podremos considerar la particularidad que implica que cuando hablamos de moneda de canje en una transacción podamos hablar de que la mercadería sobre la que se comercia sea un ser humano. Parece una forma moderna de esclavitud. No obstante, esa situación tiene su contrapartida en los salarios e ingresos que los futbolistas perciben.

Los jugadores de fútbol están sometidos a similares condiciones que por ejemplo los artistas musicales, que mantienen exclusividades con un sello discográfico determinado, o están ligados con productores por contratos casi esclavistas.

En esa realidad, nuestros clubes venden jugadores al exterior en precios siderales, pagos por las entidades europeas, y en virtud de que cobran solamente una parte de ellos, son pobres por solemnidad.

 

Pero surge la duda, ¿de quién es la culpa?.

Los clubes uruguayos tasan los jugadores, y ese monto que piden, es lo que los contratistas les abonan, y éstos después hacen el gran negocio pues, al tener el manejo de los mercados compradores obtienen «la plusvalía» en la transferencia.

Esa red de contactos, que en términos generales no maneja la dirigencia clubista uruguaya impide una negociación directa.

Por otra parte, la mayoría de las veces quien presenta a los jugadores uruguayos, exhibe los cd de sus actuaciones, y hace «apetecible» a un jugador, es el contratista.

En Uruguay en términos generales no surge un Pelé o Maradona, y si surgiera, la falta de marketing no le permite la gran notoriedad mediática, y solamente es esa tarea de hormiga del contratista, la que logra que se concrete una transferencia.

En ese contexto es realmente maravilloso que entre las listas de buena fe de los ocho clubes europeos clasificados para los cuartos de final de la Champions League hayan seis jugadores celestes (Eguren, Godín, Cáceres, Fucile, Viera y Cebolla Rodríguez).

El país que tiene más jugadores es España con más de veinte, Brasil tiene diecinueve, Argentina y Francia le siguen con dieciocho, y en ese ranking, entre cuarenta y un países que tienen jugadores habilitados en dicho evento, Uruguay ocupa el noveno puesto.

Milagroso el dato. Pero habla de qué- materia prima en nuestro país hay, que los contratistas hacen muy bien su tarea y que nuestros clubes son rehenes de la nula vidriera que significa nuestro fútbol en el contexto internacional.

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