¿Dónde quedó el cepillo de alambre?
En su momento, ante la inminencia del cambio de autoridades en la Asociación Uruguaya de Fútbol, existieron célebres declaraciones del ministro de Turismo y Deporte, Dr. Héctor Lescano, un hombre de fútbol, que ha ocupados cargos dirigenciales en el Liverpool Futbol Club, expresando la necesidad de una profunda limpieza del fútbol «con cepillo de alambre».
Se efectuó una elección entre los clubes con la consabida designación a partir de julio de 2006 del Dr. José Luis Corbo como presidente, con la compañía de José Carlos Domínguez, Ovidio Cabal, el Ec. Eduardo Ache y el Dr. Adrián Leiza como restantes integrantes del cuerpo de neutrales.
La asunción del Dr. Corbo se vio jalonada por la presencia de autoridades del gobierno, dando un claro respaldo a la citada designación.
Pero poco duró el idilio. El gobierno ejercido por el Frente Amplio no tuvo margen para distraer recursos económicos para el fútbol y más allá de un notorio problema de credibilidad, que no sufrió una mejoría, ni mucho menos, el peor tema que aqueja a nuestro principal deporte es de cariz económico. Tampoco el fútbol dio señales de erradicación de la violencia que pudieran entusiasmar al gobierno.
La presidencia del Dr. Corbo pareció tener un sesgo de «buenas intenciones», pero se vio maniatada por la inercia que se vivía de la «era Figueredo» y por la situación intrínseca del deporte mismo.
Siempre destacamos desde esta columna la permanente condición de gran equilibrista de Eugenio Figueredo. Durante la presidencia de Figueredo todo se solucionaba «a la uruguaya», remendando, emparchando o con amiguismo. Corbo pretendió dar muestras de profesionalidad, pero no se percató de que en Uruguay vivimos un «pseudo profesionalismo». La mitad de los clubes no tiene condiciones para sobrevivir si aplicáramos los reglamentos a rajatabla.
En esas condiciones, y a pesar de contar con el apoyo de los «clubes grandes» no pudo soportar las presiones de los diferentes actores del ambiente futbolístico.
Como decía la canción de Alfredo Zitarrosa, «el que no cambia todo, no cambia nada», y eso pasó con el Consejo Ejecutivo que presidió Corbo, no cambió lo sustancial y la Historia no lo marcará como un referente.
Clubes pobres, contratos televisivos que condicionan posibles cambios, pequeño mercado interno con marcada centralización montevideana y escaso marketing, fueron demasiados obstáculos que no pudo superar Corbo.
Tampoco acabó con la violencia, y es más, con la modificación de artículos reglamentarios dio señales de flexibilizar normas contra la violencia, mensaje opuesto al que la opinión pública sana querría recibir.
Muchos dicen que la pérdida de puntos no ha sido solución, pero si no existiera la misma, mensualmente tendríamos que llorar injustas víctimas del fútbol.
El mensaje de Corbo flexibilizando el artículo de la pérdida de puntos terminó de dejarlo desamparado, pues más allá de la importancia indudable de los clubes grandes, sólo con ellos no se puede gobernar.
Pasó el Dr. Corbo y no hubo limpieza; el cepillo, como el arpa que mencionaba Bécquer, quedaron «Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo…».
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