EL TUNEL DEL TIEMPO

Sisley, Romántico, Lunar, Sol de Noche ¡qué historia!

El Gran Premio José Pedro Ramírez es la máxima competencia del turf uruguayo y se disputa desde hace 94 años (1914), ocasión en la que se impuso Mojinete superando a Duc de Fleury en 2’56″3/5 para los 2.800 metros. Sobre esa distancia se corrió hasta 1937. Un año después (1938) pasó a disputarse sobre tres quilómetros por un lapso de tres décadas, ya que en 1969 se volvió otra vez a los 2.800. En 1980 se corrió por única vez sobre 2.500 (The Last fue el ganador) y a partir de 19981 comenzó «la serie» de la milla y media (2.400 metros) y también la decadencia de nuestro turf en el plano internacional. Reducir las distancias de las grandes carreras es un verdadero absurdo y a la larga se paga…

84 años atrás (1924) ­Sisley y Stayer­ Soberbio alazán patas blancas, Sisley era de nacimiento argentino, pero defendía a la caballeriza uruguaya Raynal. En la temporada de 1923 protagonizó la bien llamada «proeza única», como que ganó los dos Nacionales, el de Maroñas y el de Palermo y en nuestro medio también se adjudicó la triple corona. Pero en el Ramírez de 1924 se enfrentó con Stayer, el infatigable tordillo por Enero y Sevillana, ganador de nueve clásicos en Palermo, y auténtico ídolo de nuestra afición. En Sisley se apiló Benjamín Gómez y en Stayer, Irineo Leguisamo, es decir «el maestro y el alumno». Y como no podía ser de otra manera, aquel combate que fue titánico, entró en la historia…

Según las crónicas de la época, Sisley se cortó en ganancia a la entrada de la recta y cuando parecía un seguro vencedor surgió a media cancha y como una tromba el incansable Stayer lanzado por Legui con toda la fuerza de sus tentáculos de acero. En el primer envión el tordillo igualó la línea del alazán y hasta asomó al frente su blanca testa al promediar el derecho… Pero Sisley también era guapo de veras y bajo el tremendo rigor de Benjamín volvió a la carga y trocó en victoria lo que ya parecía una segura derrota. Fue un final inolvidable entre dos colosos que marcaron una época. Sisley por Flores y Madonna Mía, empleó 2’55″2/5 para los 2.800 metros y estaba al cuidado de Virginio Da Silva.

1939 – 1940: Romántico – Podrá argumentarse que existió alguno mejor, pero jamás hubo ni habrá un caballo genuinamente uruguayo, con los títulos que ostentó el fenomenal Romántico, justamente apodado «el sin par».

El doble vencedor del Pellegrini argentino, no podía estar ausente en el historial de la magna justa de Reyes, donde también venció en dos oportunidades. En 1939 con la monta de Alejandro López superó a De Frente, Filisteo, Paroli y Okay en 3’7″2/5 para los 3.000 metros y al año siguiente piloteado por Asunción Avero derrotó a Petrone, Cosquilloso, Fiat Lux, Guapetón Fick, Germinal, Presto y Montijo, tras recorrer los tres quilómetros en 3’6″4/5. El legendario petiso era hijo de Caboclo y Rosaflor, defendía los colores del stud El Refugio y estaba al cuidado de Pepito Petraglia.

– 6 de enero de 1942 – la epopeya de Lunar – Estupendo tordillo por Stayer y Lucema, fue el crack de la excepcional generación del ’41 y un auténtico fuera de serie. En el Ramírez del ’42 el Nº 1 de la otra orilla, Bubalcó intentó ganar por demolición, pasando el primer quilómetro en 59″ 1/5 y los 2.300 iniciales nada menos ¡que en 2’19″…! Pero – Lunar tras no darle un solo alce en todo el recorrido, lo quebró en la recta final tras largo y encarnizado duelo y todavía tuvo aire para contener arriba la «alevosa puñalada» del gran Profano, que apareció en los últimos metros con la fuerza de un ciclón. Y si notable fue la proeza del tordillo, también lo fue el guarismo empleado: 3’3″2/5, nuevo récord en los tres quilómetros Lunar defendía los colores del stud Bella Esperanza y estaba al cuidado de José Santos Riestra.

En la década del cincuenta – Dos de los más grandes campeones de nuestro turf inscribieron su nombre en la nómina de vencedores. En 1951 el invicto crack Sloop (Castigo y La Fragata, del stud Atahualpa y al cuidado de Juan Boga) venció con la monta de Tonetino Espino al porteño Mirontón en 3’10» y monedas sobre cancha recién reparada con gran cantidad de arena. Recuérdese que venía de ganar el Nacional en 2’32» para los 2.500 metros, récord inigualado en el tradicional cotejo. Se fue invicto, ganó 9 en 9, dejando una imagen imborrable.

– Un año después «el tordillo de hierro», Bizancio (Blackamoor y Cumbre, Stud Coricita y presentado por Luis Albornoz), derrotaba al pingazo Cuatrero en 3’4″ clavados a las órdenes de Andrés Batista.

En 1953 se produjo el formidable batacazo de la pedrense Pampita. La petisa hizo conocer al Lito Rodríguez, que en los comentarios previos aparecía como «la cenicienta» de la carrera, surgió como una tromba en los últimos metros y dejó sin asuntos a Dinkie, Cayena y un numeroso lote en 3’4″3/5 para los 3.000 metros. Pampita que fue piloteada por Amancio Delfín Falcón y pagó 38.60 por cada dos, era hija de Guiño y Pampusa defendía al stud La Giralda y estaba al cuidado de Rogelio Rodríguez. Y el 10 de enero de 1954, cayó el récord de Lunar, cuando Aurreko (Castigo y Cote Basque del stud El Zorzal y al cuidado de Jose Di Giuli, derrotó a Euforión en 3’33» exactos tras titánica lucha, conducido por Gualberto Pérez.

«El último grande» – Se llamó Sol de Noche – En el anterior número hicimos una reseña de sus proezas. Y en el siglo XXI, surge Good Report, un argentino al cuidado del Uruguayo Belela, que consiguió dos triunfos históricos en el «Ramírez» y el «Latinoamericano». En este cotejo, fue el primer oriental en ganarlo. Próximamente, narraremos sus impactantes logros de la mano del jockey brasileño Jorge Ricardo, el más ganador en la historia de la hípica mundial.

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