Pedro Virgilio Rocha y su presencia en nuestro fútbol
El haber sido cóntemporáneo de semejante jugador, seguramente, nos hace críticos duros cuando juzgamos líneas de conducta similares en quienes deben ponerse la camiseta número ocho de Peñarol o la Selección. Debemos admitir la inútil comparación, que no tolera semejanza alguna, por la propia dimensión de tan magnífico player.
Tácticamente impecable, funcionaba como una pieza más dentro del equipo, su polifuncionalidad le permitía, por una riqueza técnica individual incomparable, que el fútbol en sus distintos planos pasara por sus pies, con una naturalidad que no necesitaba del lucimiento personal para manifestarse como figura básica del conjunto.
Con un despliegue incontrolable para los adversarios y contagiante para sus compañeros transitaba de área a área, con una fluidez y contundencía que realzaba la labor del conjunto. Obviando la necesidad de enmarcar semejante labor con los artificios modernos que desnudan falta de atributos. Tiraba de distancia con una frecuencia casi constante. Llamativamente la precisión venía acompañada de una potencia inusitada, generalmente no hacía el tercer o cuarto gol, siempre era el del empate o el que ponía el parcial a favor en los momentos más críticos. Contrariamente a lo que mostraba dentro de los límites de la cancha, afuera, como los grandes cracks, mantenía un perfil muy bajo tratando pasar inadvertido.
Jugaba de ocho, podía ser muy bien un nueve ya que era un pivot en quien se podía descargar, para luego buscar el pase en profundidad, para posteriormente buscar la comodidad de un centro, el que seguramente lo hallaría en una inmejorable posición para resolver, mediante el juego aéreo los inconvenientes que provocan las defensas cerradas. En fin, desnivelaba, con furibundos pelotazos desde afuera del área, con enganches con las dos piernas que desairaban al más férreo marcador. Impecable cabeceando, también lo vimos luciendo el número siete y mostrando una habilidad tan particular en ese puesto para una hombre de un metro ochenta y seis, donde lo convencional recomendaba jugadores de muy poca talla para movilizarse por ese sector. Para nosotros, que no tuvimos el placer de observar a Carlos Scarone, «al Vasco Cea», a Julio Pérez en toda su dimensión, pues lo disfrutamos en las postrimerías de su sensacional carrera, sí tuvimos el placer de ver jugar a este enorme salteño, de una categoría inigualable, que mostró toda su clase en las competencias de más alto nível en la época de mayor realce de nuestro fútbol.
Te recomendamos
el mundial opacado
El caso Omar Abdulkadir Artan: deportación, racismo y escándalo en la antesala del Mundial 2026
Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro de África, tenía los documentos al día, la VISA aprobada y todo en regla: iba a dirigir un partido del Mundial de Fútbol y Trump le rompió el sueño.
Compartí tu opinión con toda la comunidad